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El volante de Santos fue titular en lugar de Messi pero su misión no era reemplazarlo. Claro, como es imposible hacerlo, estuvo abocado más a la parte defensiva que ofensiva.

Así como fue extraño el encuentro entre Argentina y Colombia, por momentos vibrante y de ida y vuelta, mientras que en otros pasajes se tornó friccionado y con posesiones largas, también fue difícil identificar la función que tuvo que cumplir Walter Montillo.

El hecho de no saber qué le pidió exactamente Alejandro Sabella hace que uno no pueda aseverar que el volante jugó bien o mal. Más precisamente: no lo hizo. ¿Tuvo una mala noche? Sólo él lo sabe, pero en lo que sí cumplió fue en dificultarle la tarea al escurridizo Juan Camilo Zúñiga, que pasa como un rayo por la banda derecha. Tener que estar atento al lateral derecho de Colombia perjudicó notoriamente a Montillo, porque cada vez que Argentina recuperaba la pelota, él estaba casi al lado de Mascherano y en los momentos en los que los dos equipos sólo iban para adelante, la Ardilla no pudo dar zancadas y apenas si pisó el área en algún avance.

La gente no le dio su veredicto a Montillo y ovacionó a Messi cuando lo reemplazó.

Era irrisorio pedirle que fuera el reemplazante de Lionel Messi, pero jugó muy encasillado en la banda izquierda y ni siquiera tuvo la oportunidad de aprovechar la situación para encarar hacia el medio y quedar bien perfilado con su pierna hábil como sí hizo Ángel Di María en reiteradas ocasiones en la otra orilla de la cancha. Su función no era desequilibrar en el mano a mano, pero sí ser uno de los generadores de juego junto al Fideo y entre ambos debían abastecer a Higuaín y Agüero. Sin embargo, preocupado por Zúñiga, Montillo nunca se liberó.

Ningún delantero del plantel de Sabella tiene la habilidad para hacer que el equipo no extrañe a Messi, así como tampoco hay volantes centrales que cuenten con la claridad y precisión que aporta Fernando Gago. No obstante, en roles y posiciones diferentes, tanto Montillo por la banda izquierda como Biglia por el centro, no desentonaron.

Aunque en la previa del partido se esperaba que quien hiciera el recorrido mayor fuera Di María, el volante de Real Madrid retrocedió lo suficiente como para quedar bien parado en los contraataques y, a falta de Gago, fue el lanzador predilecto del conjunto argentino. Esto, aunque no parezca, también influyó en que la presencia de Montillo en la cancha casi ni se notara en la faz ofensiva: el ritmo de ataque era tal que un jugador ágil y pensante no encajaba en este partido.

Le sobró conducta y le falto rebeldía. Es cierto, los jugadores no se deben a la voluntad popular sino a lo que el entrenador les pida. Por eso, así como puede haber quedado la sensación de que Montillo no cumplió, quizás para Sabella lo hizo y con creces.

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