thumbnail Hola,

Erró dos goles clave, asistió a Mandzukic en el primer gol de Bayern Munich y le dio la victoria a su equipo sobre la hora en Wembley. Arjen Robben, hombre del partido.

  Luciano Román Garzo
  Redactor
  Goal.com Argentina
Seguilo en

El fútbol es increíble. Impredecible. Inexplicable. El mismo jugador que en una final erra dos goles cantados mano a mano con el arquero y que ya tiene la fama de fallar en instancias clave, termina definiendo la final. No había hecho nada diferente a lo que nos tiene acostumbrados Arjen Robben, un gambeteador insaciable que deja en el camino a cuanto defensor se le cruza, pero a la hora de definir se enseguece.

Las dos chances ante Weidenfeller en el primer tiempo hicieron que los propios hinchas del Bayern Munich inundaran el mítico Wembley de murmullos cada vez que el 10 tocaba la pelota, pero los susurros se transformaron en explosión cuando Robben asistió a Mandzukic y éste rompió el empate que reinaba en la final de la siempre emocionante UEFA Champions League.

Después lo empató Gundogan y todo volvió a la normalidad. Y el segundo que no fue porque Subotic le ganó en velocidad a Robben y la sacó sobre la línea, definitivamente la tolerancia se terminó. Era tirarse, era puntearla a la red, pero no. Él quiso llegar corriendo y el defensor, sacrificado, le ahogó el grito de gol.

Sin embargo se iba a salir con la suya Robben, que terminó con la maldición de las finales que lo perturbaba desde el 11 de julio de 2010, cuando aquella noche en Sudáfrica vio cómo España levantaba la Copa del Mundo. El holandés tuvo otro trago amargo el año pasado, también en la final de Champions, cuando erró un penal sobre el final ante Chelsea, pero el fútbol es tan perfecto que siempre da revancha.

Y esa revancha llegó en el minuto 88, y con ella se fue la ilusión de todo Borussia Dortmund. Taco de Ribery en la medialuna, arremetida de Robben, gambeta para esquivar el intento de bloqueo de cuatro piernas rivales, nuevo amague hacia la izquierda ante Weidenfeller y toque suave. Aunque todos gritaron, por dentro, todos se callaron.

Artículos relacionados