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El uruguayo fue suspendido por 10 fechas por haber mordido a Ivanovic. Otro episodio polémico en el que se ve implicado el delantero. ¿Es tan malo? ¿Es justa la sanción?

El futbol inglés es un ámbito de marcados contrastes. Un lugar en el que una patada descalificadora, que rompe a un rival y lo saca de las canchas por meses, a veces es menos repudiada que tirarse en el área, o marcar un gol con la mano. Quizás es un exacerbado sentimiento machista el que está arraigado en el fútbol de la isla, en el que simular o protestar está visto como algo antideportivo, de poco hombre, pero pegar una patada brutal es algo del juego porque se trata de un "deporte de contacto, para hombres". De todas maneras, el análisis sería más pertinente desde el plano sociológico que desde el futbolístico.

El caso actual es el de Luis Suárez, un jugador sudamericano -bien sudamericano- de esos que, además de la habilidad futbolística, le suman una cuota de viveza, de picardía, que los players ingleses no suelen tener. Suárez está acostumbrado a intentar sacar ventaja de cualquier situación. Se tira, simula, protesta incansablemente. Su límite es la sanción: mientra el árbitro le permita ese tipo de tretas, el uruguayo las va a intentar. Claro que si el delantero del Liverpool se quedara solo en eso no pasaría de una anécdota o un hecho más bien pintoresco que reprobable.

Suárez llegó a Inglaterra proveniente del Ajax a mediados de 2010, justo después del Mundial de Sudáfrica. En aquél torneo, el uruguayo salvó a su Selección de ser eliminada en los cuartos de final, cuando puso la mano para evitar un gol de Ghana (fue expulsado) y Asamoah Gyan desperdició el penal, dándole a Uruguay el pase a las semifinales, donde Suárez no pudo jugar por la roja mencionada.

Con ese antecedente inmediato, Suárez desembarcó en Liverpool. Los ingleses, acostumbrados a reprobar ese tipo de situaciones, lo miraron siempre de otra manera. Pero el uruguayo siguió siendo el mismo de siempre, no se amedrentó ante el supuesto ojo crítico de la prensa y no cambió su forma de jugar ni de relacionarse con rivales y árbitros dentro del terreno de juego.

En 2011, hubo un hecho que catapultó al Jabalí a las portadas de todos los diarios del mundo. Suárez, en un partido frente al Manchester United, le dijo "Negro" a Patrice Evra. Luego de algunas investigaciones, la FA decidió suspender al uruguayo con 8 partidos. Y aquí es cuando la diferencia de criterios de la FA queda en evidencia. Menos de un año después, y por una situación similar, a John Terry, defensor del Chelsea, lo suspendieron por la mitad de los partidos que al uruguayo. Terry le había proferido insultos racistas al defensor del QPR Anton Ferdinand.

¿Pudo aquella sanción ser más dura por tratarse de un sudamericano? ¿O en realidad la sanción fue leve con Terry por ser jugador de la Selección inglesa? Difícil saberlo. Lo cierto es que, en enero de este año, Suárez se vio otra vez implicado en un hecho polémico. El defensor metió un gol con la mano ante el Mansfield por la FA Cup y otra vez aparecieron sus detractores a cuestionarlo. El Liverpool defendió a su jugador y la polémica otra vez abrazó al delantero uruguayo.

El domingo pasado, ante el Chelsea, Suárez hizo otra de las suyas. En una jugada dentro del área de los Blues, el delantero del Liverpool mordió a su marcador Branislav Ivanovic, hecho que no fue observado por los jueces, por lo que no fue sancionado de inmediato. Pero las imágenes recorrieron todo el mundo y a la Federación Inglesa no le quedó otra que tomar cartas en el asunto. Si bien Suárez pidió perdón a Ivanovic y a los aficionados del fútbol en general, para la FA debía caberle una sanción de cumplimiento efectivo por el antideportivo acto. Al principio, al nacido en Salto le dieron tres fechas, pero luego el Independent Regulatory Commission, una especie de tribunal de disciplina, decidió que la suspensión era leve y le añadió 7 fechas más, alejando al uruguayo por 10 fechas de las canchas del fútbol inglés.

La sanción, dura, no parece corresponderse con la realidad. Queda claro que morder a un rival no solo está fuera del reglamento, sino que además se trata de un hecho cuasi delictivo, por más fuerte que suene el término. Si un hombre de a pie muerde a otro en la calle o en su trabajo, lo más probable es que deba pasar por la comisaría y sería acusado por agresión. Con esto no se intenta dar una visión moralista, sino poner en contexto la situación.

Ahora bien, habiendo semana tras semana patadas descalificadoras, planchazos arteros que a veces hasta sacan de la cancha a jugadores rivales ¿es justo dejar afuera 10 partidos a un jugador por morder al rival? Se entiende que se trata más de una falta de respeto y una agresión poco común que de la violencia del acto en sí. Pero ¿es justo? ¿Puede la FA argumentar que está haciendo justicia si le da 10 fechas a Suárez, pero una o dos a un jugador por un planchazo que resulta en un esguince del rival? ¿Se trata de una sanción extrema porque Suárez es un jugador con antecedentes?

Las preguntas quedan planteadas, será tarea de la FA responderlas. Mientras tanto, Luis Suárez tendrá tiempo hasta el viernes para apelar la sanción, algo que seguramente hará. ¿Se la mantendrán, o se echará para atrás la Football Association? Habrá que esperar.

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