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El Barça se ha convertido en un modelo a seguir. Argentina, aunque Sabella diga lo contrario, se parece cada vez más al conjunto culé. El rendimiento de Messi lo confirma.

Germán Esmerado
Redactor Goal.com Argentina
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Hay dos sentencias en el mundo futbolístico actual que se sostienen casi por unanimidad: el Barcelona es el mejor equipo y Lionel Messi el mejor jugador. Casualidad o causalidad, ambos escriben la historia de manera conjunta. Pero Messi no es exclusivo del equipo culé. En sus ratos libres libres, o cuando el calendario FIFA así lo indica, La Pulga se calza la celeste y blanca de Argentina para representar a su país.

Sería injusto decir que Messi hizo grande al Barcelona, pero no queda ninguna duda de que Lío es la razón por la cual el conjunto catalán pasó de ser un gran equipo, a ser el mejor, el rival a vencer en cuanta competencia se presente y el ejemplo a seguir, al menos en cuanto a juego. Por supuesto que, aparte del rosarino, el Barça cuenta entre sus filas con grandísimos artistas como lo son Xavi e Iniesta, dos todocampistas que mamaron el fútbol de La Masía y hacen culto de la tenencia, el buen toque y la inteligencia dentro del campo. El Barcelona, qué duda cabe, es el mejor del mundo.

En Argentina, desde hace años, se coquetea con una idea, se la mastica, se la discute y se la cree real y posible aunque, en el fondo, todos saben lo difícil que es llevarla a cabo. Esta idea es simple y a la vez complicada: "Jugar como el Barcelona". ¿Por qué se discute tanto este concepto en nuestro país? La respuesta es una persona: Lionel Messi. Si Lío es el mejor del mundo, y juega en el Barça, el mejor equipo del mundo, ¿por qué no intentar repetir la fórmula?

Luego del fracaso del Mundial 2010, "Jugar como el Barcelona" se transformó en el leitmotiv de Sergio Batista en su paso por la Selección. El Checho, con poca experiencia, malas decisiones y conceptos errados, duró poco y nada al mando de la albiceleste. Pero dejó una enseñanza, una certeza, que los anteriores entrenadores (Alfio Basile y Diego Maradona) no habían podido dilucidar: había que hacerle un equipo a Messi, hacerlo sentir cómodo y crear un ambiente futbolístico a su alrededor para poder sacarle todo el jugo al mejor. Y qué mejor idea que intentar copiar parte de la receta del éxito blaugrana. Batista, acertado en el diagnóstico, falló en la solución.

Así, llegó Alejandro Sabella, quien primero intentó hacerse fuerte en su arco, tomando un viejo precepto futbolístico que reza que los equipos se arman de atrás para adelante, aunque rápidamente dio un vuelco en cómo plantar al equipo, especialmente en ataque. Sabella se dio cuenta que Messi podía dar en la Selección mucho más de lo que estaba dando y no solo lo rodeó de jugadores de buen pie para que se asocien con La Pulga, sino que además adaptó el esquema para exprimirle todo el jugo al cuatro veces ganador del Balón de Oro. Y los resultados están a la vista. Antes de la era Sabella, Lío tenía 17 goles en 61 partidos jugados en la Selección. Desde que Pachorra se hizo cargo del equipo, Messi lleva anotados 15 tantos en 17 partidos...

"Nosotros no podemos jugar como el Barcelona". Alejandro Sabella espetó esta frase post goleada ante Venezuela. Extrañamente, el entrenador argentino hizo esta declaración luego del partido en el que su equipo más se pareció al conjunto culé. Con los centrales jugando casi en mitad de cancha, dos laterales que pasaron una y mil veces al ataque para ensanchar el equipo y estirar el mediocampo del compacto equipo venezolando, un Ezequiel Lavezzi emulando la movilidad de Pedro o Alexis Sánchez, un Higuaín como faro de área y tirando diagonales para abrir espacios, un Fernando Gago haciendo de Xavi y hasta de Iniesta y, por supuesto, Lionel Messi. Gago, fundamental en este esquema, absorbió la presión de ser el generador de juego, el eje del equipo, y liberó a La Pulga para que haga lo que mejor sabe hacer: terminar las jugadas, ya sea ejecutando él, o dando el último pase (contra la Vinotinto, por caso, asistió a Higuaín en los dos goles del Pipita).

El rival, Venezuela, no es una potencia. Eso está claro. Pero el Barcelona forjó su carácter, probó y se convenció del camino a seguir jugando contra el Osasuna y el Sporting de Gijón, para luego sí doblegar a los grandes del mundo. Será cuestión de seguir sumando minutos y convencerse de que este es el camino. Sabella, aparentemente, ya lo tiene claro, aunque su humildad y habitual perfil bajo lo lleven a ser cauto a la hora de declarar. Argentina, el viernes, jugó como el Barcelona. No como la mejor versión del Barça, eso quedó en evidencia, pero, conceptualmente, desplegó en la cancha varios de los preceptos fundamentales del juego blaugrana. Será cuestión de fortalecerlos.

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