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Independiente es el cuarto de los cinco grandes que en cinco años corre un riesgo cierto de descender, pero parece más probable que se olivde del problema con cierta anticipación.

Racing en 2008, River en 2011, San Lorenzo en 2012. Equipos grandes, forjadores de jugadores de inmensa jerarquía, y ganadores de muchos títulos, han padecido en los últimos años las consecuencias de las malas decisiones administrativas y deportivas.

La Academia cayó en la Promoción y casi regresa al fútbol de ascenso, pero se salvó con lo justo en una dramática serie contra Belgrano de Córdoba. Tres años después el Pirata cordobés produjo la noticia de la década al vencer al otrora poderoso Millonario y condenarlo a un año en la B Nacional. Al cabo de aquella temporada San Lorenzo estuvo cerca del descenso directo, pero logró acceder a la Promoción que, eludido el fantasma de la pérdida directa de categoría, ganó con tranquilidad contra Instituto de Córdoba. Ahora Independiente está en la misma pelea, pero aunque faltan dieciséis fechas para el fin del Torneo Final y el equipo recién sale de los puestos de descenso, da la impresión de que el Rojo se encamina a una salvación más o menos temprana.

Una de las claves es a nuestro entender la apuesta que significa haber traído una vez más a Américo Rubén Gallego. El Tolo es un entrenador que, al margen de lo que pueda opinarse de su idea de juego, tiene en su haber laureles importantes. Al decidirse por él para encarar este difícil momento el Rojo demuestra que juega a ganador, que quiere salvarse tratando de respetar su rica historia. A diferencia de los otros tres clubes mencionados, Independiente eligió para salir adelante a un hombre que ya había dado la talla al frente de equipos grandes.

Veamos quiénes dirigieron a la Academia, el Ciclón y el Millonario en momentos tan dramáticos.

Entre 2005 y 2008 se sucedieron en el banco de Racing Fernando Quiroz, Alberto Fanesi, Diego Simeone, Reinaldo Merlo, Gustavo Costas y Juan Manuel Llop. Los pergaminos de los aquí nombrados no eran precisamente numerosos. Solo Mostaza tenía al menos un título en su haber (precisamente el obtenido con la Academia en 2001) y se trataba de un título único en su carrera. A lo sumo se puede objetar que el proyecto de Diego Simeone no tuvo tiempo, puesto que la dirigencia no le renovó el contrato luego de apagar el incendio que se vivía en el Clausura 2006.

A San Lorenzo lo dirigieron entre 2009 y 2012 Diego Simeone, Sebastián Méndez, Ramón Díaz, Omar Asad, Leonardo Madelón y Ricardo Caruso Lombardi. En este caso no se puede decir tajantemente que todo el proceso que llevó al sufrimiento al Cuervo se haya debido a apostar por técnicos con escasos antecedentes. El Cholo y el Pelado Díaz llegaban con buenos antecedentes, y no dieron la talla. Pero en la temporada decisiva la dirigencia se inclinó por Madelón, cuyos mayor mérito era la agónica salvación de Gimnasia en 2009, y por alguien conocido por su reputación de sacapuntos, pero siempre jugando al filo del abismo. Además la etapa de Caruso contó con la pésima campaña de Banfield que en un año dilapidó su colchón de puntos.

El caso de River es paradigmático. Nuevamente Diego Simeone aparece en la lista de los tres años fatídicos. A él lo siguieron Néstor Gorosito, Leonardo Astrada, Ángel Cappa y Juan José López. Es decir, situado en la necesidad de sumar puntos tras una campaña de último puesto River apostó por técnicos cuyos méritos eran bastante discutibles, mientras se descartaba permanentemente el nombre de Ramón Díaz, su técnico más exitoso, e incluso del Tolo Gallego. El resultado está a la vista. River jamás mejoró en su juego, hasta que la presión superó a entrenadores y plantel en la Promoción contra Belgrano. Incluso después del descenso Daniel Passarella le dió el cargo a Matías Almeyda, quien más allá de su audacia al tomar un fierro tan caliente demostró graves carencias a la hora de plasmar una idea táctica.

¿Qué ha hecho Independiente? En 2010 Julio Comparada, en otra de sus cuando menos polémicas decisiones como presidente de Independiente, decidió no renovarle el contrato a Gallego que venía de hacer dos buenas campañas, para probar con un Daniel Garnero que estuvo lejos de las expectativas depositadas en él. Luego el banquillo Rojo albergó a Antonio Mohamed, Ramón Díaz y a Cristian Díaz, cuyo interinato se convirtió en titularidad sobre la base de un épico pero circunstancial triunfo contra Boca. Una vez más Ramón Díaz sería la excepción a nuestro planteo, pero en Independiente hizo una tarea muy pobre. Los demás eran nuevamente técnicos con poco rodaje y méritos considerando en qué institución estaban.

Pues bien, Javier Cantero tomó nota, facilitó la llegada de un técnico de envergadura como Gallego y la apuesta, pese al difícil comienzo, parece que va a rendir frutos. Su equipo sale a buscar los partidos, no especula con qué partido es ganable y cuál no. Salió a buscar como visitante al campeón y uno de los mejores equipos argentinos de la década, y aunque terminó acorralado se llevó los tres puntos. Pero en definitiva, Independiente encara la pelea sin miedo, sin buscar zafar. Ahí está la clave, y es por eso que jugando a más, parece que va a seguir siendo junto con Boca el único grande que no descendió.

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