thumbnail Hola,

Como en sus inicios, el fútbol sigue estando rodeado de muerte. Agentes externos al deporte se encargaron de corromperlo. Casi un milenio más tarde, todo sigue igual...

Luciano Román Garzo
Redactor
Goal.com Argentina
Seguilo en

Los primeros “partidos” de fútbol en la Inglaterra del siglo XII dejaron cientos víctimas porque todavía no había reglamento ni límite de jugadores. Por eso, en las calles se producían enormes montoneras y corridas multitudinarias en las que por el propio comportamiento bestial de los seres humanos, muchos perdían sus vidas.

Increíblemente, nueve siglos más tarde este mismo deporte, ya profesional y con reglas establecidas, sigue siendo contaminado por muertes también provocadas por actos salvajes de individuos que dicen dejar la vida por los colores, pero en realidad sólo siguen un color: el de los billetes.

Ayer por ignorantes. Hoy por mercenarios. Ya ni siquiera se puede hablar del absurdo folklore de pelearse con la hinchada rival, porque ahora los litigios se dan entre seguidores de un mismo equipo. Vándalos que no se conforman con llenar sus bolsillos con el dinero recaudado por los trapitos, los puestos dentro del estadio, ¡y hasta de transferencias de jugadores! Ellos quieren más. Si tienen la mitad de los carritos que venden panchos, quieren el 75%, y si llegan a eso, después irán por todo. Comen asados que nunca pagan, conocen países en donde se les debería negar el ingreso y arruinan un espectáculo al que nunca debieron haber pertenecido.

Como cuenta Eduardo Galeano en “Fútbol a Sol y sombra”, en 1314 el Rey Eduardo II estampó su sello en una real cédula que denominaba al fútbol como juego plebeyo y alborotador y lo relacionaba con “escaramuzas de las que resultaban muchos males que Dios no permitiera”. No estaba equivocado Eduardo, que en ese momento veía cómo integrantes de las clases más bajas de su reinado morían por practicar un deporte en condiciones inadecuadas.

Con el paso de los años, el fútbol se transformó en un negocio y aunque haya canchas con límites,  la ecuación no cambia demasiado: si bien el Rey inglés le echaba la culpa a la pelota, tanto en ese momento como ahora, no es el ella la responsable de tanta muerte.  ¿Acaso se puede decir que algo tan lindo como el fútbol, que arranca sonrisas, aplausos y llantos de alegría es capaz de provocar salvajes agresiones y muertes evitables? Quien crea eso, urgente debe replantearse el concepto que tiene del fútbol.

El fútbol es poesía, gambeta, engaño, picardía. Es un juego de caballeros en el que no siempre gana el que tenga las mejores armas, pero si hay algo seguro es que el que sepa jugarlo bien será recordado por el resto de la eternidad.

Un poco los periodistas, otro poco la globalización y en mayor proporción el dinero, fueron corroyendo al fútbol y han logrado sacudir su esencia en varias oportunidades interrumpiendo, suspendiendo y hasta impidiendo que se dispute un partido. Tan corrompido está el sistema, que esos seres detestables y temidos por jugadores y dirigentes batallan cuando tienen que defender un interés en particular, pero paradójicamente después se suben a un avión para acudir a un Campeonato Mundial con quienes fueron sus enemigos.

Muchos dicen no entender por qué sucede este fenómeno, sin embargo, la explicación está delante de sus ojos: ya no hay gladiadores como en la época medieval, pero en reemplazo de ellos, que eran esclavos y no podían elegir otro camino para sus vidas, hay gente sin escrúpulos que, hipnotizada por montañas de billetes, simplemente escucha y ejecuta, sin medir consecuencias.