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Racing no sabe jugar sin presión

Racing no sabe jugar sin presión

Los jugadores de Racing se retiran cabizbajos tras la derrota / Fotobaires

Esta vez era Independiente el que tenía la urgencia de ganar, pero la Academia jugó con una relajación llamativa y le faltó actitud para revertir el resultado adverso del comienzo.

Luciano Román Garzo
Redactor
Goal.com Argentina
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Después de tantos años de situaciones adversas y de culminar las temporadas destruyendo calculadoras y mandando a “la promoción” a un lugar recóndito del que muchos hablan pero nadie conoce, Racing tiene por fin un presente sin urgencias, algo de lo que pocos equipos gozan en Primera División.

Los que habitualmente pelean campeonatos no pueden bajar del primer escalón porque sería fracaso y los que pugnan por mantener la categoría sólo pueden mirar para arriba porque en lo profundo están ellos. Además, hay algunos equipos que deambulan entre estos dos grupos y comienzan cada temporada con la ilusión de dar el “salto”, frase trillada que equivale a pelear por llegar al final en los primeros puestos. El equipo de Luis Zubeldía está en esa situación pero, por una u otra razón, las aspiraciones al título se las lleva la primera brisa suave que llega desde el horizonte.

El clásico ante Independiente era una oportunidad especial, casi única, de lograr la segunda victoria consecutiva y al mismo tiempo de empujar hacia abajo al rival de toda la vida, que venía afilado tras vencer a Vélez. Sin embargo, la presión que siempre tuvo Racing y que el Rojo no conocía hasta ahora esta vez invadió el vestuario local y los dirigidos por Américo Gallego supieron capitalizarla en lugar de permitir que influyera en la toma de decisiones.

La pasividad con la que los mediocampistas de Racing disputaron el partido fue llamativa, sorprendente e inentendible. Teniendo la posibilidad de jugar relajados, parece que dicha tranquilidad fue motivo de un exceso de confianza y en lugar de pasarse la pelota y moverse decidieron jugar al pelotazo para un nueve que sería un gran jugador en el fútbol de otra década. En la actualidad hay que tener un equipo que cubra muy bien todos los espacios como para desperdiciar un hombre en cancha colocando a un delantero que sólo sabe moverse en el área grande; ése es un error del entrenador, que ve en Sand condiciones que Sand no tiene. Pero cuando la pelota comienza a rodar, más que indicaciones y cambios, el técnico no puede hacer nada, los que deciden adónde va el balón son los jugadores y ahí es donde perdió el partido Racing, o más bien le facilitó la tarea a Independiente para que se lo ganara. Intentar pases largos para que el jugador más lento de la cancha luche con dos centrales ágiles que no llegan al metro ochenta es un error conceptual inadmisible en futbolistas de primera división y mucho más en uno que fue campeón mundial como Camoranesi, que jugó el clásico no como un partido más, sino como un entrenamiento.

El contraste con los jugadores de Independiente fue muy marcado. La ferocidad con la que batallaron cada pelota y la claridad con la que jugaron deja bien claro que comprendieron a la perfección el mensaje transmitido por Gallego: los clásicos se ganan en la línea media, donde están los que luchan por recuperar y los que inician las jugadas ofensivas. En esa zona del campo, Vargas y Montenegro fueron terratenientes y ni la entrada de un Villar rabioso pudo revertir dicha situación.

Como en todo partido, hubo polémicas. Un empujón a Camoranesi en el gol de Miranda, dos posibles penales no sancionados por Abal, uno para cada equipo y alguna que otra falta dudosa. Pero eso no le quita el mérito a Independiente, que salió a la cancha sabiendo cómo tenía que jugar para ganar el partido, mientras que Racing entró al Libertadores de América con la incertidumbre de actuar en pos de lo que hiciera su rival.

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