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La FIFA anunció que utilizará la tecnología de gol en el Mundial de Brasil 2014, algo que el mundo del fútbol pedía hace tiempo y los que lo manejan se lo negaban...

Luciano Román Garzo
Redactor
Goal.com Argentina
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Amontonados al lado del arco, en un cónclave decisivo, los nenes en la plaza debaten si la jugada en la que la pelota que pasó por arriba de una de las mochilas que hace de palo fue gol o saque de arco. El que pateó, con algo de razón dice:

-Si fuera un arco de verdad, pegaba en la parte de adentro del palo y entraba. Siempre lo mismo, le voy a empezar a pegar fuerte para asegurar y la van a tener que ir a buscar a la calle.

- Callate -le dice otro del equipo rival- no nos van a ganar con ese gol. Vayan para allá que sacamos del arco.

Claramente, haber ganado en ese momento le habría dado un gusto especial a la chocolatada de las cinco. No hay nada más lindo que salir victorioso en los picados de la plaza, pero cuando no hay árbitro ni arcos convencionales, las discusiones aparecen tan rápido como el grito de gol de los ejecutores que intentan convencer al resto de que la pelota pegó en el poste virtual y entró.

Sin embargo, este tipo de situaciones no pasan solamente en partidos de chicos que hacen renegar a la señora que pasea al perrito y juegan igual en la plaza, corriendo el riesgo de volarle el caniche de un pelotazo. También en el fútbol profesional, donde hay millones de dólares en juego, se ven los amontonamientos entre jugadores de ambos equipos, árbitros, jueces de línea, integrantes del banco de suplentes y todo aquél que esté cerca.

Seguramente, los nenes de la plaza no deben haber escuchado nunca el nombre de Geoff Hurst, que fue, involuntariamente, el protagonista del gol más polémico en la historia de los mundiales. Se jugaba el tiempo extra en la final de la Copa del Mundo de 1966 en Inglaterra, el local empataba 2-2 con Alemania y luego de un centro desde la derecha, Hurst la paró de espalda al arco rival y sacó un derechazo de media vuelta desde el vértice derecho del área chica. La pelota pegó en el travesaño, picó en la línea y luego un defensor alemán despejó al córner, pero en ese mismo momento, el 10 de Inglaterra se levantó del suelo con la seguridad de que el esférico había picado adentro del arco y lo gritó como el nene de la plaza.

Inmediatamente se produjo el amontonamiento, sobre la banda derecha, donde unos segundos antes desbordaba Alan Ball para tirar el centro que desataría la jugada de la discordia. Así como uno de los chiquitos en la plaza agarró la pelota, los echó a todos y les dijo que era saque de arco, el árbitro suizo Gottfried Dienst dijo "sí" y todos a sus puestos porque Alemania tenía que sacar del medio. Lógicamente, la concentración de los visitantes no volvió nunca a ser la misma en lo que restaba del encuentro. En el último minuto, Hurst se escapó por la izquierda y clavó un zurdazo al primer palo que cerró definitivamente el partido y lo puso en la historia como el único jugador que metió tres goles en la final de un Mundial.

Porque el fútbol es caprichoso y de alguna forma hizo justicia 44 años más tarde. En octavos de final de Sudáfrica 2010, Alemania e Inglaterra volvieron a verse las caras, y cuando los germanos ganaban 2-1, un tiro de Lampard pegó en el travesaño y entró claramente aunque Jorge Larrionda ignoró los reproches de los jugadores ingleses y todo siguió como si nada hubiese sucedido.

Con la medida de la FIFA de incorporar la “tecnología de gol” para el Mundial de Brasil 2014, se acabarán las polémicas y las aglomeraciones de jugadores alrededor del juez de línea. Deportes muy antiguos como el básquet, tenis y rugby modifican sus reglamentos a menudo y utilizan la tecnología para situaciones dudosas. En el fútbol, en cambio, la International Football Assotiation Board no ha hecho modificaciones rutilantes en las últimas décadas hasta que el debate se tornó insostenible y junto a la FIFA tuvieron que acceder a algo que era completamente necesario y no altera el normal desarrollo de un partido, porque el sistema que se implementará le indica instantáneamente al árbitro si la pelota picó adentro del arco o no.

El ala conservadora del fútbol seguramente elevará la voz contra esta medida argumentando que con la intromisión de las máquinas el deporte más popular del mundo pierde su esencia. Yo les digo que la perdió hace rato y en gran parte gracias a muchos dirigentes que se encargaron de intoxicar un juego hermoso. Por eso, en los grandes estadios ya no habrá asambleas alrededor de los árbitros, pero sí seguirán en las plazas y las canchitas, donde realmente se juega al fútbol, sin un entorno viciado.