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Javier Pastore es criticado por sus últimas actuaciones pero en realidad es uno de los jugadores que mejor entiende el fútbol.

Esta columna es en realidad el manifiesto de una idea futbolística milenaria. Es la defensa de un futbolista que juega con la cabeza y también con los pies, de uno de esos hombres que hacen del fútbol el deporte más hermoso de todos. En estas épocas en las que se cultiva el amor por la velocidad ante todo, hay quienes no entienden a aquellos protagonistas capaces de cambiar el destino de un partido por intermedio de armas como la paciencia y la sabiduría. Por eso critican a los que en realidad son superiores, a los que sí comprenden de qué se trata todo esto.

A la hora de repasar los mejores equipos del fútbol argentino en las últimas dos décadas aparecen el Vélez de Bianchi, el Boca del mismo entrenador, el River de Ramón, el Estudiantes de Verón y un conjunto que no necesitó de varios torneos para quedar en la memoria. Con el Clausura 2009 le alcanzó a Huracán para ganarse el cariño y la admiración del país entero. Ese conjunto dirigido por Angel Cappa tenía en Javier Pastore a su símbolo.

El cordobés era el mejor representante de ese juego lujoso, casi utópico en el escuálido fútbol nacional. Aquel Huracán brilló con la intensidad de las estrellas más imponentes, pero se extinguió rápido como un fósforo. A veces parece que fue sólo un sueño breve de quienes creen que los buenos todavía pueden ganar en este deporte super competitivo. Sin embargo, fue real, como todavía lo es el talento de Pastore.

"Javier es un jugador exquisito, de los que no abundan. Desde que lo vi, supe que tendría una carrera brillante por delante", dijo alguna vez Cappa sobre él. Y no se equivocó. El mediocampista surgido en Talleres de Córdoba pasó al fútbol europeo con veinte años recién cumplidos, tras el partido fatídico ante Vélez en el que Huracán perdió el título de manera injusta no sólo por cómo se definió ese choque, sino porque su fútbol merecía una estrella.

Llegó a Palermo de Italia y no tardó mucho en hacerse ídolo absoluto de los hinchas sicilianos. Sus infinitas cualidades técnicas, su capacidad de entender el juego, su inteligencia y su estética forma de jugar este deporte lo convirtieron a una de las grandes atracciones de la Serie A, donde aunque no parezca también hay lugar para los talentosos y para los que piensan en el arco de enfrente.

En el equipo del sur italiano disputó 69 partidos y convirtió 14 goles. Siempre fue titular y por eso lo vinieron a buscar de los clubes más importantes de Europa. Uno de ellos fue París Saint Germain, que tras la llegada de los inversionistas qataríes buscaba armar un conjunto de primer nivel. Entonces, fueron a buscar al futbolista con mayor proyección y pagaron 40 millones de dólares, la cifra más grande la historia del fútbol francés.

En la primera temporada Pastore se hizo dueño del equipo y convirtió 13 goles en 33 encuentros, una cifra muy importante para alguien que no es delantero. Para esta temporada llegó Zlatan Ibrahimovic y todos pensaron que sería un socio ideal para el argentino. Sin embargo, su nivel cayó y hoy es resistido por casi toda la gente del PSG.

"Estoy decepcionado por sus actuaciones, y creo que él también", afirmó hace unos meses el entrenador Carlo Ancelotti, quien lejos de darle confianza a uno de sus diamantes, prefirió hacer público su descontento. El italiano lo mantuvo siempre en el equipo, pero nunca creó un ambiente amigable para su juego. Pastore necesita socios que le devuelvan la pelota, delanteros que toquen de espaldas, laterales que pasen, mediocampistas que se asocien. En ese contexto, es de los mejores del mundo, pero en otro su talento se pierde.

En este PSG Ibrahimovic absorbe todo el protagonismo porque así le conviene a él y al equipo. Entonces, la posibilidad de que el cordobés gravite disminuye. Quien sí puede ser un socio interesante para él es Lucas, quien recién llega y se está adaptando a Europa.

Los hinchas parisinos están desesperados por ganar un título, algo que el club no consigue desde hace muchos años. Los millones invertidos todavía no rindieron frutos y eso genera ansiedad, sentimiento que se transforma en críticas hacia los futbolistas menos indicados: aquellos que hacen de la serenidad una forma de sentir este juego.

Quien sí lo bancó fue el director deportivo Leonardo. El brasileño afirmó:  "Le han crucificado a causa del precio de su traspaso. Ha sufrido mucho por eso y lo sigue pagando. Pero yo sigo estando convencido de que es un jugador de gran talento. Hizo una apuesta difícil al venir aquí y lo ha pagado. No estoy inquieto con respecto a su nivel".

Pastore es uno de los buenos, es uno de esos jugadores a los que hay que proteger, porque están en peligro de extinción. Son los futbolistas que piensan y después ejecutan. que corren para jugar y no que juegan para correr, que viven por y para la pelota. Por eso, si caen en un bajón, hay que esperarlos, contenerlos, cuidarlos. Y cuando están en un buen momento sólo queda disfrutarlos.

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