thumbnail Hola,

Barcelona tuvo todo para ganarlo pero se lo empataron sobre la hora. Igualmente, el blaugrana brindó nuevamente una clase magistral de fútbol digna de una ovación.

Luciano Román Garzo
Redactor
Seguilo en

Si los cerca de 50 mil privilegiados que estuvieron en la fría noche de Barcelona, más precisamente en el Camp Nou, viviendo el encuentro entre el local y Málaga hubiesen empleado el erróneo criterio de crucificar al que comete un error que desemboca en un gol del rival, Thiago Alcántara no podría haber seguido jugando luego de la pérdida ante Manuel Iturra, que presionó bien arriba como todo el conjunto de Manuel Pellegrini a lo largo del partido e interrumpió con un grave grito de gol la delicada sinfonía del equipo de Tito Vilanova que sonaba hasta ese momento.

Alguien habrá pensado “si el arquero Pinto revoleaba en lugar de tocar corto esto no pasaba”. Puede que sí, pero también hay que ser justo y aclarar que si la filosofía del Barça tuviera como premisa que los jugadores se desprendan de la pelota sin mirar hacia dónde la envían, seguramente este combinado no sería leyenda. Por eso, esta orquesta hace todo lo contrario a un bebé que mete el dedo en el enchufe y, luego de la descarga no vuelve a acercarse a dicha zona, al menos por un tiempo. Los blaugranas siguieron tocando en corto, abajo, arriba, en el medio. En toda la cancha. Porque juegan con la seguridad de saber que en algún momento Iniesta, Messi o el que esté de frente al área filtrará un pase para que cualquier otro llegue al gol.

A Thiago lo salvó el respaldo de sus compañeros y también que tiene al mejor del mundo en su equipo, por eso sólo tuvo tiempo para dos reproches al cielo y apenas cuatro minutos después de aquél error, el Barcelona volvía a tener todo bajo control gracias al impecable cabezazo de Carles Puyol. Con el alivio por la ventaja en el marcador, el joven hijo de Macinho volvió a la normalidad y siguió deslumbrando con sus estéticas y productivas fintas.

Quien destine algo de tiempo en leer estas líneas dirá: “Es fácil halagar a un equipo que en la última década ha ganado una exuberante cantidad de títulos”. Sí, es cierto, es simple brindarle todo el repertorio posible de adjetivos calificativos al Barcelona pero no por eso hay que dejar de enaltecer la capacidad que sus jugadores tienen para mantenerse imperturbables ante la adversidad. A su vez, da pena y hasta pudor hacer una crítica de esta muestra cabal del significado del fútbol, pero esta vez, ante un Málaga que aprendió de los errores cometidos el domingo, el culé se durmió en la infinidad de chances sin concretar que generó. Sobre la hora llegó el tanto de Machado -vaya paradoja- que le complica la eliminatoria a un Barcelona que en La Rosaleda intentará (y seguramente logrará) imponer su juego para convertir ese gol que lo clasifique a una semifinal, en la que puede cruzarse con Real Madrid, que tiene la serie casi sentenciada ante Valencia.

Luego del 3-1 por Liga, Martín Demichelis confesó que por momentos le daban ganas de aplaudir al Barcelona. El sentimiento, a pesar de haber logrado la igualdad sobre el final, debe ser el mismo de todos sus compañeros, aunque mucha gente piense que el fútbol es placentero sólo cuando se gana.

Artículos relacionados