thumbnail Hola,

Lionel ya es uno de los mejores jugadores de la historia, para algunos, el mejor de todos. Sin embargo, hay quienes todavía lo menosprecian. Messi los deja en evidencia.

Sebastián Fernández Castaño
Redactor
   

Como se preveía, Lionel Messi ganó el Balón de Oro por cuarta vez consecutiva y se convirtió en el primer futbolista que se queda cuatro veces con el premio, dejando atrás a Michel Platini, Marco Van Basten y Johan Cruyff, otras tres leyendas de la historia del fútbol que se lo llevaron en tres ocasiones, para lograr un hito más en su carrera a la que todavía le quedan muchos años por delante. Así, Messi sigue cosechando elogios y dejando en ridículo a aquellos que lo critican, que cada vez son menos.

Los 91 goles que convirtió durante 2012 y toda la magia que desparramó en Europa y en América pudieron más que la Eurocopa ganada por Andrés Iniesta con España o la Liga conseguida por Cristiano Ronaldo con el Real Madrid. Allá por mitad de año, José Mourinho se mofaba y preguntaba para qué servían los 50 goles que le habían dado a Lio el título de Pichichi del campeonato español. El portugués, pedante y provocativo como suele ser, decía que los goles de Messi no servían para nada y que el Balón de Oro debía ser para Ronaldo. Claro, no contaba con que el segundo semestre mostraría a un terrenal Cristiano y un inconmensurable Messi.

Para ganar el Balón de Oro hay que tener el reconocimiento de los entrenadores y capitanes de todas las selecciones del mundo. Messi lo ganó por cuarta vez, en un año en el que apenas se consagró con el Barcelona en la Copa del Rey. Perdió la Liga a manos del Madrid y se quedó afuera de la Champions League en semifinales ante el Chelsea, en un partido en el que Lio erró un penal. “No fue mi mejor año”, dijo Messi, un poco disconforme con su actuación. Sin embargo, en 2012 Messi mostró una evolución notable, con un punto a destacar: los tiros libres. La mejoría en este apartado fue exponencial. Antes, cuando Lio pateaba un tiro libre, las expectativas de que fuera gol eran bajas. Ahora, cada tiro de pelota quieta genera ilusión en propios y preocupación en extraños. Si no son gol, pegan en el palo o pasan muy cerca. Esa es una de las claves de los 91 goles: al repertorio que ya tenía, Messi le agregó los tiros libres.

Messi hace goles de todas las formas posibles. Desde el borde del área, a colocar o fuerte. De cabeza. De tiro libre. De penal. Mano a mano, definiendo a un palo. Mano a mano, picándola, una especialidad, una marca registrada a esta altura. Mano a mano, gambeteando al arquero. De nueve pescador o rebotero, en el área chica. Hace goles después de meter un caño o después de una gran apilada, tras un largo trecho recorrido. Frente al arco o sin ángulo Como goleador, más allá de los números, Messi es como el brasileño Ronaldo, Romario, Henry, Francescoli y Batistuta sumados.

Algunos puristas lo acusan a Messi de ser sólo un delantero que no entiende mucho en el armado de juego. Esa época quedó atrás. De joven, Messi abusaba de la gambeta y pasaba poco la pelota. En la actualidad, Messi encara menos, es más selectivo. Se da cuenta cuando le conviene hacer la individual y cuando buscar a un compañero con mejores posibilidades. Así, Lionel se tira atrás para participar del circuito de juego y mete pases que desequilibran como lo pueden hacer Riquelme, Iniesta, Xavi o en su momento Maradona. Son estocadas que lastiman y que sólo pueden salir de los pies de algunos pocos privilegiados.

Messi tiene 25 años y medio. A esa edad, Maradona apenas había ganado el Mundial Sub 20, el Metropolitano 81 con Boca y la Copa del Rey con el Barcelona, y ya era considerado uno de los mejores de su tiempo y de la historia, pero su consagración llegó con Mundial de México, en 1986, con 25 años y 8 meses. Ganar un Mundial no es fácil. Messi puede llegar a ganarlo o no, se verá. Puede ganar muchas Ligas de España, algunas Champions League más, o no. Se verá. Los títulos, que ya tiene muchos, no es el punto fundamental de su carrera. Lo extraordinario es su fútbol y su capacidad para seguir mejorando y rindiendo a un nivel superior. Ya son varios los que lo catalogan como el mejor de la historia: Diego Simeone, Gabriel Milito, Wayne Rooney, Carlos Bianchi, Alejandro Sabella, entre otros.

Para messirlo, quiero decir, medirlo con certeza habrá que esperar al final de su carrera. Después de Maradona, ningún jugador fue puesto a ese nivel. Messi lo está, se ve cada vez que juega. Comparar para determinar quién es mejor es algo absurdo e innecesario, pero lo cierto es que sucede. Algunos creen que Messi es más que todos. “El mejor de la historia”, tituló Marca, diario madridista de España. Otros lo mantienen a Diego como el más grande de todos los tiempos y claro, están los que lo ponen a Pelé por encima. Algunos, los que lo vieron en vivo y en directo, hablan de Alfredo Distéfano, un jugador de toda la cancha, pero de un fútbol menos desarrollado, más básico. Para Pelé, “Neymar es mejor que Messi”.  Disculpe, Don Edson, pero hasta el momento no da esa sensación, no parece acertada esa afirmación.

Messi, la Pulga, es gigante. Juega a otra cosa. Verlo es un deleite. Discutirlo y criticarlo con saña por títulos que todavía no tiene, un absurdo total. Más allá de los logros que pueda llegar a conseguir de acá en más y de los goles que pueda llegar a marcar, Messi tiene un lugar en la elite de la historia del que nadie lo podrá sacar. Por el contrario, todo parece indicar que ese sitio seguirá creciendo para dejar en ridículo a aquellos que lo menosprecian, que cada vez son menos.