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La terna es Messi, Messi y Messi

La terna es Messi, Messi y Messi

Lionel Messi con los premios de 2009, 2010 y 2011.

¿Cabe alguna duda? En el mejor año del mejor jugador del mundo, el Balón de Oro no tiene discusión posible.

Pablo Aro Geraldes
Editor Jefe
Goal.com Argentina
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Las ceremonias de premiación están barnizadas siempre de ese halo de misterio que surge al abrirse el sobre y el conductor pronuncia el repetido "and the winner is...". Por más dotes histriónicas que tenga Joseph Blatter, será inútil que imposte el tono e intente generar intriga: el Balón de Oro 2012 no puede tener otro dueño que no sea Lionel Messi.

No se trata de menospreciar a Cristiano Ronaldo, un goleador serial al que le tocó en desgracia ser contemporáneo del genio nacido en Rosario. Tampoco quitarle méritos a Andrés Iniesta, ese titiritero que siempre elige la opción correcta para descargar la pelota. Obvio; una terna se forma con tres, pero esta vez no hay debate posible.

El año de Messi elevó la vara tan alta que resulta difícil imaginar algo más grande, aunque en la Argentina guardemos una porción de sueño para verlo levantar la Copa del Mundo en el Maracaná. Y no se trata de repasar sus números desesperantes, sus récords de goles que se caen uno atrás de otro, con cifras que parecen revividas de los años del fútbol amateur.

No, la magia de Leo no se define con números, no se puede medir en títulos, victorias, goles, porque así se conseguirán llenar planillas y ninguna podrá explicar el placer que produce verlo jugar al fútbol. "Lo hace todo y cada tres días. Lo lamento por los que intentan ocupar su trono, pero él es distinto", disparó Pep Guardiola... Sólo queda suscribir sus palabras.

No secesita pegar gritos para ser el líder del mejor equipo de la historia. No precisa sacarse la camiseta, ni gesticular, ni disparar declaraciones explosivas para sumar adeptos... Afuera todo lo accesorio. Como un apóstol del fútbol, él predica jugando.

La pelota le obedece. ¿Con qué estadística se explica eso? Cuando acelera en diagonal hacia el arco, el balón corre junto a él, bien junto a su pie izquierdo, poseído por un hechizo invisible. Puede repetir hasta el hartazgo la misma jugada, que sus rivales no podrán descifrarla. Se verá venir el camino, se intuye la acción, pero nadie puede impedirle abrirse paso entre un bosque de piernas y salir airoso hacia el arco para dar la estocada ineludible.

Si Messi se llevó el premio en 2009, 2010 y 2011, el de 2012 no puede fallar. Si a toda la gloria que generó en el Barcelona, el año pasado le sumó actuaciones brillantes con la celeste y blanca, las que tanto le reclamaba el exigente públilco argentino. Rendidos ahora ante el poder encantador del fútbol de Leo, sólo resta que la FIFA deposite en sus manos una vez más el merecido Balón de Oro.

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