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Ferguson es uno de los entrenadores más ganadores y respetados en el mundo, pero una parte de su personalidad opaca su imagen. ¿Qué tipo de influencia ejerce en el fútbol inglés?

Sebastián García
Director Editorial
Goal.com Latinoamérica
   

Sir Alexander Chapman Ferguson tiene un aspecto de hombre sereno. Un señor tranquilo, que lleva gafas y que mueve su mandíbula de manera incesante, para castigar sin pausa a una goma de mascar que, nos gustaría imaginar, no se trata de la misma desde que asumiera como entrenador del Manchester United allá por noviembre de 1986.

Motivos para estar tranquilo y disfrutar de función tras función de los Diablos Rojos en el Teatro de los Sueños y de los espectáculos itinerantes que suelen dar también en tablados ajenos, el hombre nacido en Glasgow, Escocia, tiene y de sobra.

Pero Ferguson no llegó adonde llegó, y por sobre todas las cosas, no se mantuvo durante tantos años en la elite del fútbol mundial, por poseer un carácter mansito. Manejar un vestuario como el que él mismo supo construir y mantenerlo altamente competitivo durante más de 25 años, no es un escenario factible para simples corderitos de la vida.

FERGIE TIME: ¿MITO O REALIDAD?

El mito nace en la primera temporada de la era Premier League (1992-93). Tras 90 minutos de un empate 1-1 entre United y Sheffield Wednesday, fueron adicionados siete minutos, suficiente para que Steve Bruce anotara y los Diablos Rojos se encaminaran a su primer título en 26 años.

La empresa de estadísticas Opta Sport, analizó las últimas tres temporadas y determinó que Manchester United, en promedio, obtiene 3 minutos y 18 segundos de tiempo adicionado cuando está ganando, contra 4 minutos y 37 segundos que obtiene cuando está perdiendo. Son 79 segundos de diferencia, contra los 56 segundos del club que está segundo en esa tabla: Liverpool.

Hay otro costado de su personalidad, que no suele observarse a simple vista, que lo muestra bajo una luz diametralmente opuesta. Porque Sir Alex es también aquel hombre de cachetes todavía más colorados que la camiseta del United, que gesticula y resopla ante cada fallo adverso. Que pone la lupa sobre actitudes de sus rivales, pero ni se inmuta cuando los pecadores son sus propios jugadores. Que le respira en la nunca a cualquier juez de línea al que le toque pasar cerca de su territorio y que le señala el reloj hasta al más amable de los árbitros asistentes para implorar por un poco de “Fergie Time” –como ya se conoce al elástico e interminable tiempo adicionado que muchas veces se prolonga sencillamente hasta que el Manchester United anote-.

¿Es parte de su naturaleza ganadora irrefrenable? ¿Se trata de una manera de ejercer presión y volcar la balanza a su favor desde lo psicológico? ¿Será, tal vez, una combinación de ambas cosas?

Ferguson sabe que dirigir al United trae muchas presiones aparejadas, pero también le da una envestidura más reluciente y resistente a la hora de salir a sacar pecho y buscar, además, que tiemble el pulso de árbitros y rivales por igual. 

Ante Newcastle, en el apasionante triunfo de remontada (uno más y van…), Ferguson mostró su cara menos bonita. Reclamos constantes, marca a presión sobre los oficiales, gestos ampulosos, brazos al aire, índice apuntando y golpeando fuertemente el vidrio de su reloj.

Un día después, la Football Association (FA) confirmó lo que se sospechaba: Sir Alex Ferguson no será sancionado. Queda la duda acerca de la suerte que habrían corrido colegas suyos más nuevitos y con menos peso específico dentro de las altas esferas del fútbol inglés.

¿Terminó ahí la cuestión? Para nada, porque 48 horas después del agónico triunfo del Manchester United sobre el Newcastle por 4 a 3 con otro gol milagroso de Javier “Chicharito” Hernández, Ferguson hizo uso de otra de sus grandes armas: la dialéctica.

En conferencia de prensa, Ferguson se encargó de resumir con un par de frases, el propósito de este artículo.

“Alan Pardew (DT del Newcastle) es el peor de todos en lo que tiene que ver con arengar contra los árbitros”, dijo Sir Alex. “Un día Pardew empuja a un juez de línea, luego bromea al respecto y otro día tiene la cara como para criticarme. Es increíble”.

Después de cargarse a Pardew ante los micrófonos, arremetió también contra el Newcastle United.

“Mi problema”, sugiere Ferguson, “es que yo soy el entrenador del equipo más famoso del mundo. No de un minúsculo club del Noreste de Inglaterra”.

Y ese, Señor Ferguson, es un problema que no es exclusivamente suyo.

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