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Daniel Angelici toma sus decisiones en la presidencia de Boca Juniors con una mezcla de torpeza, cinismo y demagogia.

Pablo Aro Geraldes
Editor Jefe
Goal.com Argentina
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Vox Pópuli, Vox Dei. La sentencia en latín podría traducirse como "la voz del pueblo es la voz de Dios", aunque los puristas sostienen que el origen de la frase apuntaba a lo contrario.

En La Boca, la voz del pueblo se hizo escuchar con furia en la última fecha: el pulgar para abajo selló la suerte de Julio César Falcioni y repudió con claridad la postura del presidente Daniel Angelici, que de la boca para afuera siempre sostuvo su "apoyo" a Riquelme pero en los hechos jamás lo quiso.

Para el hincha de Boca, la voz de Dios es la de Román. Y, hábil declarante como es, estuvo toda la semana echando leña al fuego para que La Bombonera estallara como estalló en contra del entrenador. Los hechos ya son conocidos: afuera Falcioni, quien hace un año estaba dando la vuelta olímpica del Apertura, el mismo que hace seis meses disputaba la final de la Copa Libertadores y luego levantó la Copa Argentina.

En un rapto de demagogia, Angelici decidió no renovarle el contrato al técnico. Pero su reflejo para escuchar la voz del pueblo y aprovechar la volada, contrasta con su sordera para interpretar el por qué de los insultos a Falcioni, cuyos números en Boca no distan del promedio logrado por Carlos Bianchi. Falcioni se cavó la fosa con su enfrentamiento con Riquelme, y el repudio popular al entrenador surge de allí, de la defensa del ídolo.

Angelici no oye ese clamor, aunque haya sido fogoneado por Riquelme con intenciones arteras. Prefirió insistir con que "se cerró las puertas él solo y él dejó el club y no el club a él... Probablemente la cadena nacional que hizo Riquelme influyó para el hincha, y el grito de guerra es el ídolo, que en este caso es él".

Para Angelici, "generalmente, cuando se da vuelta el hincha es para putear a los directivos y lo tenemos que respetar". El peor sordo es el que no quiere oir. A veces, la voz del pueblo no es igual a la voz de Dios.

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