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Los jugadores tienen todo el derecho del mundo a decidir sobre jugar o no con la selección, pero las verdaderas estrellas nunca le dirán que no

‘Sé que en la selección ha habido más casos como el mío’, dijo ayer Oleguer Presas en una entrevista radiofónica para la emisora RAC1. Podríamos tomarnos el asunto a guasa, siguiendo la línea predominante en twitter a raíz de la publicación de la mencionada entrevista. Realmente no se entiende bien cuál es el ‘Caso Oleguer’.

Ya retirado con apenas 32 años y sin lesiones de gravedad, Oleguer es un futbolista de carrera peculiar, que alternó la titularidad con la suplencia a lo largo de cinco temporadas con el Barcelona, jugó la final de la Champions League de 2006 con el equipo de Rijkaard – con más pena que gloria, fue sustituido por Juliano Belletti, que le acabó dando el triunfo al Barça – y se marchó al Ajax fichado por Marco Van Basten, donde apareció de poco tirando a nada. Con su negativa, y a toro pasado, está claro que la selección española no perdió un central de época ni mucho menos. Es más, Aragonés consiguió otras alternativas en la posición de Oleguer que, entre otros muchos factores, llevaron a España a ganar la Eurocopa poco tiempo después.

¿Es realmente relevante que Oleguer se diese el lujo de decirle a Luis Aragonés que ‘si no hay la suficiente implicación o sentimiento es mejor que vayan otras personas’ a la selección?

La importancia de la renuncia de Oleguer no está en el daño hecho a la selección, que fue prácticamente imperceptible. La cuestión está en la posibilidad, en el derecho que tienen los jugadores de elegir con qué equipo nacional juegan, o si no juegan con ninguno. Ese derecho es intocable, sagrado y a estas alturas del campeonato no nos puede sorprender a nadie que un jugador que algunos consideramos español se crea de una nacionalidad diferente y no quiera jugar con España. La pena es que todavía no tengamos el grado de madurez suficiente como para que esto se haga público.

Lo de Oleguer, como el mismo dice, es una excepción. El de Sabadell, que siempre fue por libre y que se metió en problemas con el propio Barcelona por sus ganas de opinar sobre cuestiones muy delicadas, usó el asunto como parte del anuncio de su candidatura a las elecciones catalanas como parte del CUP (Candidatura de Unidad Popular). Evidentemente, hablar de la selección y de Aragonés en la entrevistas hace que su candidatura venda más, a pesar de que él esté en el puesto 83 de la lista de su partido y de que por lo tanto no tenga ninguna expectativa de ser elegido, pero la propaganda para su partido ya está hecha.

Es posible que haya otros casos como el de Oleguer: deportistas buenos, pero no estrellas, que se han negado a jugar con España inventando alguna excusa para evitar la consiguiente tormenta social. No pasa nada. No tengo duda de que habrá otros casos, pocos, en los que el deseo de evitar todo el ruido que provocaría una renuncia habrá hecho que un jugador u otro participen del combinado nacional aunque no les pareciese la mejor opción. Tampoco pasaría nada.

Lo que me parece que no acontecerá nunca es que un deportista de élite de verdad, un crack, por muy politizado que esté, renuncie a jugar fútbol internacional. Sería una decisión completamente contra natura.
Cuando estás educado para competir y quieres ser el mejor en lo que haces, en este caso el fútbol, limitar tus aspiraciones al fútbol de club por los motivos que sean – políticos, personales, etc. –  no parece lógico. Claramente Oleguer no solo no era una estrella, sino que también tenía otras prioridades en la vida, que poco a poco se han ido haciendo más evidentes. No teniendo el gusanillo de competir tan en la sangre como otros, no asombra que le diga que no a Aragonés.

¿Pero ustedes se imaginan un jugador de primerísimo nivel que decide no jugar con España por motivos políticos en 2012? ¿Y con el agravante de que el equipo de Del Bosque es hoy el mejor del mundo? ¿Le diría alguien en su sano juicio hoy ‘no’ al equipo español?

Ha habido otros casos como el de Oleguer, claro, en el sentido de que hay más jugadores que dudan sobre si deben jugar con España. Pero como en el del mencionado jugador catalán, esos casos no se convierten en relevantes más que cuando ese jugador quiere usar la negativa como bandera para otro fin, lo que no es muy frecuente. Los demás con un mínimo deseo de triunfar en este deporte seguirán callados, saciando su ansia competitiva con un grupo irrepetible de colegas que permiten que, por un espacio de tiempo mágico, el jugador sea un chaval queriendo ganar al equipo contrario, y no un político en plena campaña.

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