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En el fútbol argentino se ven cada vez más errores propios de la falta de práctica y lo llamativo es que con el correr del campeonato nada se modifica...¿Dónde está el problema?

Otro torneo comenzó y la gente llenó estadios, emocionada por volver a ver al club de sus amores. Sin embargo, y al igual que en los últimos (por lo menos) diez años, se vio lo mismo de siempre. Algunos podrán argumentar que en la última década hubo equipos que jugaron un poco mejor. Vélez es un claro ejemplo a lo largo de varias temporadas, pero en general, todo es efímero. Los futuros cracks, los equipos extremadamente estéticos, como el Huracán de Ángel Cappa, y también los caños, porque quien tire uno posiblemente sea tratado con hostilidad por sus rivales durante el resto del campeonato.

Pero más allá de lujos, firuletes y equipos ambiciosos, ¿qué les pasó a los jugadores? Porque al principio, cuando uno empieza andar por los caminos del fútbol, los entrenadores hacen singular hincapié en el pase y recepción de la pelota, entre otras cosas, y en la actualidad, la técnica individual es cada vez más pobre. Desde pases cortos mal dados que originan contraataques del equipo contrario, hasta larguísimos rebotes al intentar parar una pelota que venía desde el otro sector de la cancha, todo eso se ve en esos estadios colmados. La gente protesta, claro, pero no piensa que, en un punto, tiene un poco de culpa por su impaciencia y el “lo único que importa es ganar”.

Igualmente, los que entran a la cancha son los jugadores, así que las cosas deben estar en su lugar, cada parte de este ámbito tiene distintos grados de responsabilidad. Después de más de tres mil horas de entrenamiento a lo largo de las inferiores, llegan a primera sin saber dominar un cambio de frente con el pecho y que la pelota quede mansa junto al pie, o peor aún, quedan expuestos debido a movimientos torpes, dignos de algún deporte en el que tiene que prevalecer lo físico más que lo técnico.

Para analizar este tema se puede entrar por distintos accesos pero, por ejemplo, ¿cuántos jugadores se sentarán el lunes a ver cómo jugaron? Por lo visto, pocos. No hace falta encuestarlos, sino ver cómo lo hicieron la semana siguiente, porque quien no pudo bajar la pelota con un solo movimiento el sábado pasado, difícilmente lo haya hecho el domingo siguiente. Advertir que muchos jugadores no tienen interés en superarse, lo que implica quedarse una hora más en los entrenamientos puliendo los errores cometidos, puede conducir a la conclusión de que hay algo que sació el hambre de gloria. Quizás sea la comodidad de saber que en algún momento, la magia de los representantes los hará salvarse económicamente mediante una transferencia a algún país recóndito, en el que ni los que juegan saben bien las reglas, pero los que pagan son muy generosos.

Para ganar hay que hacer goles y para eso es necesario patear al arco. Al arco. Cada vez hay menos goles de tiro libre, hasta las faltas cercanas al área terminan en centros al punto del penal, donde el más fuerte se sobrepone y si logra impactar con un poquito de precisión, sale festejando. También escasean los goles de larga distancia, y media, en fin, escasean los goles. No es cuestión de pedir que los diez jugadores de campo sean magníficos pateadores, pero al menos los volantes y delanteros, que por lógica son los que más cerca estarán del arco rival, deberían, al menos, dirigir todos sus tiros al rectángulo.

Los alambrados no son más altos porque si no es demasiado trabajo para quienes aman treparse en busca de 30 segundos de fama y sin embargo siguen cayendo pelotas en las tribunas, increíble. Entrenan con el mismo balón con el que juegan, aunque algunas canchas dejen mucho que desear, tampoco tienen las irregularidades de una pista de motocross, pero los arqueros cada vez tienen menos trabajo, si bien sufren demasiado dentro del área por los errores (otra vez por la pobreza técnica) de los defensores.

La deficiencia técnica se repite sistemáticamente en la mayoría de los jugadores y las gambetas son cada vez más desprolijas, algo está mal en el fútbol argentino y quien quiera arreglarlo, que se resigne y mire para abajo, porque la cosecha de esta temporada está perdida.

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