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Muchos consideran que es el mejor del mundo, por encima de Lionel Messi. Muchos otros lo critican con hostilidad por su personalidad, pero sus condiciones son indiscutibles.

Hace exactamente una década, el fútbol recibió a un crack, controversial, es cierto, pero no por eso hay que dejar de reconocer sus notables condiciones atléticas y su espectacular habilidad con la pelota en los pies.

Lamentablemente, algunas actitudes soberbias de Cristiano Ronaldo hacen que muchos no admiren su juego, pero hay que recordar que hubo grandes jugadores de la historia del fútbol han tenido problemas fuera de la cancha o tuvieron delirios de grandeza al igual que el portugués.

Los consumidores del fútbol y muchos periodistas aprovechan cada gesto, jugada, festejo o frase para endilgarle esa arrogancia que de por sí demuestra, pero que continuamente es destacada por encima de las maravillas que este delantero hace cada vez que entra en escena. Además, tiene la mala suerte de ser contemporáneo a Lionel Messi, otro crack, aunque tan diferente en el estilo de juego como en la personalidad y exposición pública.

Con la camiseta de Sporting Lisboa conquistó una Liga, una Copa y una Supercopa de Portugal deslumbrando al continente europeo y rápidamente fue atrapado por las garras de Sir Alex Fergusson, que lo fichó luego de un amistoso entre el club luso y el Manchester United. Pavada de responsabilidad le tocó a Cristiano, que ni bien llegó al club posó para todas las cámaras con la legendaria número 7 que habían utilizado Eric Cantona y David Beckham, entre otros.

No obstante, el Old Trafford fue más que nunca un teatro cada vez que CR7 se deslizó por el césped del estadio de los Diablos Rojos de Manchester, club con el que consiguió ocho títulos. Por su forma de pararse, sus amagues perfectos y sus movimientos finos, su futuro estaba escrito en el Real Madrid.

El presente en Real Madrid es historia conocida al igual que sus frases polémicas como: “Yo pienso que por ser rico, guapo y buen jugador las personas tienen envidia de mí” o la que hizo rebalsar el cáliz de egocentrismo: “Soy el primero, el segundo y el tercer mejor jugador del mundo”. Es paradójico lo que ocurrió con él en la última temporada, porque fue el mejor de su equipo por escándalo, pero le atajaron un penal en la definición ante Bayern Munich en la semifinal de la Champions League.

Es tan perfeccionista que ni un mechón de pelo puede no estar en su lugar y quizá sea eso lo que lo aleja cada vez más de Lionel Messi. Y esto no se trata de esperar a diciembre a ver quién recibe el Balón de Oro que otorga la FIFA, porque si hay algo que tiene el fútbol, y eso es lo que lo hace hermoso, es que todos los criterios son subjetivos. En este deporte no hay relojes que marquen al más rápido ni pesas que indiquen quién es el más fuerte, pero si hay algo sobre lo que Ronaldo debería meditar es que mientras más se fije en Messi, brillará cada vez menos.


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