Lucas Romero: "Es un orgullo que piensen en mí para el 2018"

ENTREVISTA - Tiene 20 años, le queda poco tiempo en Vélez y está señalado a ser el sucesor de Mascherano. De una infancia de privaciones a invitar asado para todo el barrio.

La voz no le tiembla, como no le tiemblan las piernas en la cancha. Lucas Romero es un veterano, un veterano de 20 años. En Loma Hermosa, barrio ubicado en el Partido de Tres de Febrero, al noroeste del conurbano bonaerense, las cosas no fueron fáciles para el pibe que hoy se lleva las miradas de Europa. Tuvo que pasar hambre, jugar descalzo en la cancha de tierra y aguantarse las miradas de reojo de los más grandes, que no se bancaban que un nene les sacara la pelota. A algunos les sigue costando, pero ya es otra cosa. Ahora no tiene miedo porque, en el fútbol profesional, “todo es más fácil”, le cuenta a Goal el volante que hoy no pudo estar ante Tigre vistiendo la V por una gastroenterocolitis.

Y siguen sin temblarle las piernas cuando los ojeadores que llegan a Liniers desde Europa lo anotan en sus libretas y lo mencionan en los clubes más importantes. Pero, al menos por ahora –el libro de pases en el Viejo Continente cierra a fines de agosto-, Romero continúa su carrera en Vélez. Aunque desde el propio club argentino aseguran que retenerlo será difícil.
 

-¿Te vas a España?
-No sé. Yo sé que hubo muchos sondeos, pero hasta ahora sólo eso. No sé si llegaron cosas concretas. Ni siquiera sé de qué equipos son. Sé que desde Sevilla hablaron con mi representante, pero no hubo oferta en Vélez. 
 

-Pero sabés que te están mirando desde allá.
-Sí, algo sé. Pero si me pongo a pensar en eso me vuelvo loco. Yo tengo que seguir trabajando de la misma manera acá en el club, hacer una buena pretemporada y hacer oídos sordos, porque si no me voy a desviar de lo más importante, que hoy es Vélez.
 

-Cuando cerrás los ojos, ¿no soñás con Europa?
-Y, es imposible no imaginarse y hacerse un poco la cabeza. Yo pienso que estoy a un paso de cumplir uno de mis sueños y lo que esperé de chico. Me imagino marcando a Messi y me vuelvo loco, ja.


-¿Cómo lo marcarías?
-Es el mejor jugador del mundo, no sabría cómo marcarlo. Pero si hay que hacerlo, se aprende, ja.

Lucas se ríe. Sueña con lo que le puede llegar a pasar en los próximos días, pero todavía se junta con sus amigos, “con los pibes” como él les dice, en el barrio. Mira fútbol, comparte tiempo con su familia. Hace la vida de un chico normal de 20 años, aunque no es un chico normal. Para Ricardo Gareca, quien lo subió a Primera en 2012, haciéndolo debutar como titular nada menos que ante River, el Perro es un volante que se destaca, “un chico con unas condiciones bárbaras y mucho futuro”. Pero no es el único que piensa así. En la Argentina estuvo a un pasito de conformar la lista de 23 para el Mundial de Brasil, y los mejores entrenadores y futbolistas lo ven como el cinco de la Selección en Rusia 2018.

-¿Qué te pasa cuando escuchás eso?
-Es un orgullo tremendo. Es algo lindo porque trabajé toda mi vida para que llegara un momento así, pero a la vez es una presión muy grande.
 

-¿Y podés soportar esa presión?
-Sí. Yo busqué esto. Y se ve que hice las cosas bien. Mis técnicos y compañeros tienen un buen concepto de mí, dicen que soy un laburador.
 

-Pero con eso no basta para que te quieran de Europa. ¿Qué tenés de diferente?
-Creo que soy un volante con buena recuperación y buen pressing. Y a la hora de jugar tengo buen juego. No sé si soy súper completo, pero busco eso.
 

-¿Qué tipo de fútbol te gusta más?
-El fútbol europeo es muy lindo. Y creo que en ligas como la española o la italiana puedo aprender mucho y me vendrían muy bien para adaptarme. En España te dan mucho espacio en la mitad de la cancha para jugar. Pero el fútbol inglés me encanta. Lo miro mucho. Mi sueño es jugar ahí.
 

-¿Seguís a algún equipo en particular?
-A Manchester City. Lo miro mucho por Yayá Touré. Es un crack. Trato de ver cosas de él, de aprender. Y lo miro a Mascherano. Es una bestia. Es buen recuperador, buen jugador. Juega al fútbol con el alma, deja todo siempre. Haciendo las cosas así es difícil que te salga algo mal. Encima tiene un panorama de juego muy importante. Es enorme.

Lucas vuelve a la realidad. Está en la casa de su mamá, Miriam, tomando mate. Y ella le pide que no se vaya, que se quede al menos seis meses más. Ella quiere disfrutar del nene. “Yo le digo que cosas así no se pueden dejar pasar”, cuenta, y recuerda las tardes jugando por plata para tener unos billetes encima y poder darse un gusto. “En mi casa, mis viejos se rompían el alma para poder comprarme los botines para que yo pudiera entrenar. Mis hermanos no tenían zapatillas, pero a mí no me faltaban los botines. Hicieron todo para que yo llegara. Esto es por mí y por ellos. Es nuestro sueño”, dice el mediocampista. Días lo separan de lo que puede ser una nueva vida. Después de las cosas que vivió, dice, el idioma no va a ser un problema si el destino no llega a ser España. No le tiene miedo a nada. Pero tampoco quiere olvidarse de las cosas que le enseñaron a no temer. “Cuando era más chico, nos esforzábamos mucho todos en casa. Comíamos guiso todos los días, esperábamos el aguinaldo de mis papás para darnos algún gusto como comer carne. Hoy invito asado para los chicos del barrio. Porque ellos, junto a mi familia, son los que me formaron como persona y como jugador. Sea lo que sea que pase, va a ser un logro de todos”.