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El Torito habló con Goal sobre su carrera, su presente y futuro en River, y expresó que no le hacen falta rótulos: "Con el cariño de la gente me sobra".

Su salida del vestuario es la más esperada por los hinchas que pudieron presenciar la práctica de River. Sus camisetas rebalsan de autógrafos, pero el lugar principal está reservado para la firma más importante: la de su ídolo. Cuando Fernando Cavenaghi aparece en escena para empezar a recorrer los metros que lo separan del comedor del predio de Ezeiza, son pocos los pasos que puede hacer en soledad antes de que su figura se pierda entre la abrumadora multitud de gente que se acerca para llenar ese espacio en blanco al lado del escudo y conseguir la foto más preciada. Uno de ellos le pide grabar un mensaje para un familiar, pero el Torito saca a relucir su timidez y sólo puede decir un par de palabras un tanto incoherentes, suficientes para expresar el cariño que siente por los hinchas. Y que es mutuo.

Las charlas después de la comida son difíciles para el delantero, se le nota, pero no pierde la predisposición y la sonrisa. Y eso que la práctica fue intensa y lo tuvo como protagonista porque estuvo centrada en la definición, esa que le da más de un dolor de cabeza a Ramón Díaz. Pero Fernando hace las fotos de la nota entre chistes constantes y se dispone a hablar con Goal, más cómodo cuando se le avisa que los temas de actualidad no van a ser el eje central. “Mejor porque ya aburrí, digo siempre lo mismo”, reconoce. Entonces, queda claro, mejor hablar de otra cosa.

-¿Cómo estás viviendo tu presente en el club?

-Feliz, contento, espero que sea la última etapa, je. Disfrutándola mucho, ya son mis últimos años de carrera. Mi idea es retirarme no muy grande, 34 es un número razonable, sobre todo para un delantero.

-¡¿Ya pensás en eso?! Te quedan cuatro años para ganar títulos entonces…

-Obvio, es la idea que tengo desde que vine. Yo quiero ganar ahora el título, ojalá se pueda. Yo tengo fe de que podemos pelearlo, para mí tenemos plantel para hacerlo. Es un campeonato raro, cualquiera le gana a cualquiera.

-Pero hay equipos que parecen estar mejor que River…

-Puede ser, pero ¿quién tiene chapa de campeón? Vélez está bien, San Lorenzo también, pero también tienen Copa y por ahí al final del torneo pueden sentirlo. Newell’s bailó a Vélez, no a cualquier equipo, y después perdió con Olimpo. Es un campeonato irregular.

-Con la vuelta de tantos ídolos, ¿te tienta seguir trabajando en el club después de que te retires?

-Ojalá, Dios quiera, yo ya les dije que me guarden un lugarcito en algún lado, me encantaría trabajar con ellos y en este club para toda la vida.

-¿Te gustaría ser técnico?

-No me veo como técnico, voy a hacer el curso para tenerlo, pero no es mi idea. Quiero estar ligado a una actividad como la de Enzo y el Pipa Gancedo, trabajar con ellos. También puede ser en futbol amateur o en fútbol profesional, pero desde otro lado.

-¿Con quién hablás más?

-Con Enzo y el Pipa, Rivarola, Alonso, hablo mucho con todos. Están siempre y nos dan una mano en todo lo que necesitamos, desde que llegamos que están muy presentes. Lo mismo que los dirigentes.

-¿Sentís el cambio institucional del club?

-Yo no viví el último año de lo que fue el club, gracias a Dios. Pero en mi anterior ciclo era durísimo, era luchar contra todo, contra la dirigencia que no hacía nada para que los jugadores estén bien, había problemas de todo tipo, fue muy complicado. Y desde que llegó esta dirigencia, el apoyo con el plantel es total. Después es fútbol, podés ganar o perder, pero están haciendo mucho para que estemos bien, volviendo a arreglar la concentración, preocupados porque los jugadores cobren, estén al día, un montón de cosas que son importantes.

-¿Sólo te falta algún título más para ser ídolo?

-No necesito que me llamen ídolo. Yo me siento querido, con el cariño de la gente a mí me sobra. Soy del club, gané cuatro títulos acá, tengo casi 100 goles, son muy pocos jugadores los que llegan a cumplir eso. Yo lo disfruto sin pensar si el día de mañana llego a ser ídolo, no me importa. Pero sí está bueno que la gente te tenga cariño, que se sienta identificada, que valore muchas cosas que hice por el club.

-¿Haber vuelto en el momento más duro intensificó tu relación con el hincha?

-Sin dudas, estuve ocho años afuera, volví para el Nacional B y la generación cambió bastante. Los jóvenes de 20 años vivieron esa etapa mía, no se acuerdan de lo otro. Me dicen "vos hiciste un gol en la cancha de Boca", pero nada más. No creo que muchos se acuerden que salimos campeones o los goles que metí. O me vieron por videos, a mí también me pasa de admirar a un jugador por verlo por video, hasta a Maradona.

-¿Te sigue emocionando la ovación en el Monumental o ya te acostumbraste?

-No te acostumbrás nunca. Es algo espectacular, hay que vivirlo para poder expresar lo que se siente. Que un estadio te ovacione, es único, sobre todo del club que uno es hincha.

-Sacando a River, ¿en qué club te sentiste más cómodo?

-En Francia, sin dudas. De hecho fui el año pasado y dos años después de haberme ido del club, y la hinchada sabía que estaba ahí y me cantaron, algo que es muy raro que pase en Europa sobre todo porque se vive diferente, la cultura es distinta, si bien hay fanatismo no es la locura que se vive acá. Pero en Francia viví la mejor época de Bordeaux en la historia, campeones de todo, rompimos con la racha de Lyon que salía campeón todos los años, fue algo histórico.

-¿Te arrepentís de algo en tu carrera?

-Me arrepiento de haberme ido de Francia. Fue lo peor que hice en mi carrera. Me fui porque siempre había soñado con jugar en España, tenía esa idea en la cabeza, pero una cosa es jugar en Barcelona o en el Real Madrid y otra muy distinta es jugar en Mallorca. Lo analizo ahora que soy más grande, me pregunto por qué me fui, de hecho muchos de los jugadores de ese plantel son los que están actualmente. Se mantuvo la base y podría haber estado mucho tiempo más en un club espectacular, y hoy por hoy la liga francesa es una de las más fuertes. Ese fue uno de mis mayores errores, me habían ofrecido quedarme y renovar por tres o cuatro años más.

-¿Qué es lo que más te enorgullece de tu carrera?

-El sacrificio de aguantar los momentos difíciles y seguir para adelante. Muchas veces pasa por la cabeza decir "basta, no sigo más". Tener fuerza de voluntad no es fácil. Muchos dicen "qué lindo el pibe que juega en River", pero esto arrancó desde los 13 años que me vine desde O’Brien a vivir a Buenos Aires, no es que empecé a jugar en Primera. Por ahí los que se volvieron o no les fue bien saben lo que es el sacrificio, pero hay mucha gente que no. Y también lo que logré en River, que es un club grande y siempre va a serlo, tiene la misma dimensión que hace 20 años.

-¿Qué fue lo más duro que viviste?

-El ascenso fue lo peor que me pasó. Era mucha presión y la obligación de ganar todos los partidos, si empatábamos un partido nos querían matar. Los últimos seis meses la terminé pasando mal, no disfruté nada. Sólo dos horas después de que ascendimos.

-Encima después te tuviste que ir por la puerta de atrás…

-Pero eso era lo de menos. Lo único que quería era ascender. Después si se terminaba mi carrera ahí, no me importaba, quería ascender.

-¿Cuándo te diste cuenta lo duro que iba a ser?

-Cuando vine a firmar el contrato, los gritos que había en el club, los quilombos en la Comisión Directiva, me tuvieron que sacar de la sala donde iba a firmar, me llevaron a otro lado. Me dijeron que no escuche todo lo que estaba pasando porque si no me volvía a mi casa. Era un caos total, querían prender fuego el club.

-Después de lo que viviste, ¿qué te provoca que se hable de crisis ahora?

-Me da risa. Crisis era cuando estábamos en el Nacional B, jugando contra Madryn y recorriendo todo el país, no perder dos partidos seguidos, aunque a nadie le guste que pase.

-¿Entendés la impaciencia del hincha?

-Los entiendo, pero no puedo hacerme cargo de lo que pasó en los últimos años. Nosotros tenemos que evaluar las cosas desde otro lado.

-¿Te duelen las críticas?

-No me enfoco en lo que se diga, siempre va a haber personas que van a estar en desacuerdo o que por intereses te terminan matando a vos y al grupo. Mucha gente que quiere que nos vaya mal, porque es lo que más vende. Se habla más de si se pelearon dos compañeros que si hicimos velocidad o trabajos de precisión. Es en parte lo que pasa en la sociedad.

-¿Estás pendiente de esas cosas?

-Trato de no leer, no escuchar, guiarme por lo que vivo en el día a día, nosotros sabemos cuándo jugamos bien, cuándo jugamos mal, no necesitamos opiniones de terceros que no están adentro del vestuario y no saben lo que pasa. No saben lo que vivimos ni cómo somos nosotros.

-Ramón dijo que estabas cansado, ¿es así?

-Cuando él me preguntó si estaba cansado era verdad. Habíamos jugado con Tigre, nos acostamos a las 4 de la mañana y nos levantamos a las 9 para entrenar, obviamente que estaba cansado. Todos, no era sólo yo. Al otro día me preguntó de nuevo y estaba diez puntos.

-Pero tener que retrasarte tanto a buscar la pelota te desgasta más…

-Depende de los partidos, contra San Lorenzo fue un placer tirarme atrás y hubo muchísimas jugadas de gol. Sentí que puedo jugar en otra posición. Si se me critica, no me importa, yo sé que en ese partido fui importante para el equipo. Contra Tigre me tocó de jugar de 9 parado y no la toqué porque no llegábamos. A veces lo necesito sí o sí para tocar la pelota.

-¿Sos autocritico?

-Sí, el primero en criticarme soy yo. A veces me voy a casa y digo "hoy no patee un tiro al arco", y no puede pasarle eso a un delantero, es una locura. Lo hago para mí, no necesito salir y decir que fui un desastre. Eso no sirve.

-Se habló mucho de tu relación con Ponzio, ¿cómo es ahora?

-Es imposible que seas amigo de todos. Pero lo que intentamos, y es mi rol como capitán, es que todos se sientan importantes dentro del grupo. Desde el más chico hasta el más grande. Por eso digo que no voy a ser entrenador porque es difícil manejar un grupo. Por ahí con los más chicos no pasa, pero en un plantel profesional, con jugadores con trayectoria, no es fácil.

-¿Que el grupo esté bien a diferencia de otros clubes grandes les da una ventaja?

-No creo, porque a la hora de entrar a la cancha te olvidás de todo. No creo que esas cosas pesen tanto, pero está bueno que el grupo sea unido, juntarse a comer, no está bueno que estén peleados entre compañeros.

-Más allá del rival de turno, ¿cuál es la intención futbolística del equipo?

-Ganar, je. La verdad es que con línea de tres podíamos presionar más arriba, ahora con línea de cuatro es diferente, antes jugábamos casi mano a mano. Si bien la idea es siempre proponer y presionar siempre, hay partidos en los que no se da. Siempre depende del partido.

-¿Por qué les cuesta tanto ganar fuera del Monumental?

-No me voy a hacer cargo de lo que pasó en el semestre pasado porque no estuve. Pero es verdad que hace un tiempo largo que no se consigue un triunfo de visitante. Igual, con Tigre merecimos ganar, no nos llegaron nunca. El cansancio también influye. No sólo porque fueron tres partidos en una semana, jugamos el jueves a las 10 de la noche, el viernes estás muerto y a los dos días tenés otro partido…

-¿Sos un mal precedente para los jugadores que no vuelven a River?

-Son circunstancias diferentes. Hablo con muchos de ellos y siempre está la idea de que vuelvan. El Chori, Mascherano, Andrés (D’Alessandro). Ojalá pueda darse.

-¿Te pone feliz el buen presente del Chori en Grecia?

-Sí, muy. Hablo bastante, fue papá hace poco, está muy contento. Yo supongo que en algún momento va a querer volver, pero con lo bien que le está yendo no sé cuándo… je.

-¿Ganar la Copa con él sería especial?

-Sí, ojalá pase, primero tenemos que entrar... vamos de a poco. Es la cuenta pendiente que tengo. Sería el cierre perfecto de mi carrera.

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