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En charla exclusiva con Goal.com, el exenganche de Racing y River asegura que aunque el fútbol argentino "es muy difícil", hubo "un retroceso en el juego".

“Anduve por todos lados”. La frase nace naturalmente en el comienzo de la charla. Se lo advierte distendido y se expresa con seguridad. Sabe bien de que su recorrido detrás de una pelota lo pone en un escenario distinto. Clubes importante, desafíos interesantes, apuestas fuertes… Un camino intenso el que fue transitando en estos 17 años como futbolista profesional. Su fútbol es el que lo puso en ese lugar y él supo cómo aprovecharlo. Hoy, con 33 años, Sixto Peralta, sabe bien qué quiere para él y disfruta hoy de su experiencia en Chile, en la Universidad Católica.

Italia, Inglaterra, México, Rumania, Chile, lógicamente la Argentina, toda una mochila cargada de vivencias diferentes que se unifican en un solo punto, deseo por aprender. De una raza diferente, de esa clase de futbolista que está en vía de extinción, Mumo, como se lo conoce en el universo de la pelota, fue adaptándose a lo que pedía cada lugar. Y esa predisposición a querer estar, de jugar, ese hambre por ganar, fue lo que le dio, por ejemplo, haber jugado en Racing, River, Tigres, Torino… Y hasta ganar ocho títulos en cinco años en Cluj, de Rumania.

-¿Cómo se adapta uno a tantos cambios en su carrera?
-Uno no puedes diagramar mucho. Se van dando las cosas, van sucediendo. Si me hubiera dicho hace varios años, nunca hubiera pensado que iba a jugar en Rumania, por ejemplo. Se fue dando así. Arranque en Argentina, me compraron de Europa, estuve en Italia y en Inglaterra, (Torino e Ipswich), después me salió el tema de Racing, jugaba Libertadores, eran los 100 años, y por el cariño que le tengo a la gente me picó el bichito y volví. Después de ahí volví a salir del país. Me fui a México, estuve ahí tres años; estuve en Tigres, una de las experiencias más lindas de mi carrera. Es un club espectacular, jugamos Libertadores, lo disfruté mucho. Nuevamente volví a Racing y pasa lo que te dan los equipos grandes. Tuve la suerte de ir a River, estuve sólo seis meses, jugué unos 10 o 12 partidos, pero no tuve continuidad. Llegó el Cholo Simeone y me dijo que no me iba a tener en cuenta. Después vino lo de Rumania, económicamente la oportunidad era muy buena y estuve cinco años.

-Es mucho y a un destino poco común.
-Fui con un miedo bárbaro, estaba casado, tenía un hijo muy chiquito, ahora tengo tres. Y cuando fui hablé con Emmanuel Culio, que estaba allá, con Fabbiani (Cristian), que también estaba en Rumania. Era un destino extraño. Es como todo, hay veces que tenés suerte y otras que no, yo pasé cinco años bárbaros. Tengo una hija rumana, la rumanita, como digo yo. Ganamos un montón de títulos, jugamos Champions, Europa League… El Cluj nunca había ganado ningún título, nosotros ganamos ocho, entre copas rumanas y la liga se dieron todos los éxitos. Y el último año y medio estuve mirando para este lado para volver, mi mujer estaba embarazada, y quería estar un poco más cerca del país. Por eso, cuando salió lo de Católica, acepté enseguida.

-¿Podías imaginar que se iba a dar así tu carrera?
-La verdad que no. Es como todo, el jugador pone su parte, pero hay que tener un poco de suerte a los clubes a los que llegas. En Rumania no fui al Steaua, que tiene muchísimos títulos y uno sabe que algo va a ganar. El Cluj era distinto, sabíamos que estaba creciendo y bueno se dieron las cosas. Entiendo que en el Cluj había un gran grupo, en Ipswich también, en los demás clubes había buen material, pero no como en esos clubes que te cuento. El otro día le contaba a unos compañeros chilenos, que se pueden tener muchos jugadores, pero que si no funciona el grupo, es complicado que las cosas salgan bien. En Rumania, no éramos el mejor equipo, pero había unión. Creo que de las dos Supercopa y las cuatro Liga, cuatro, las ganamos por penales. Viste como cuando decían que Boca llegaba a los penales y ganaba, buenos, son rachas que se dan. En Racing y en River me tocó perder cuartos de final y octavos de final de Copa Libertadores, por penales…

-En tantos años y tantos clubes diferentes, ¿qué aprendiste como jugador?
-Muchas cosas uno va aprendiendo, pero creo que el 2006 y 2007, en Racing, fue uno de los peores de mi carrera. Viste cómo se dan las cosas. En Tigre me había ido muy bien, no ganamos títulos, pero tuve un buen nivel. Lo que aprendí yo es que el jugador muchas veces se va rápido de los lugares, no espera la adaptación y se pierde cosas en el camino. En Rumania a mí costó mucho, pero supe esperar y todo fue bien. Jugué muy atrasado en el Cluj, como un volante completamente diferente. Me tuve que adaptar a eso porque era la única forma de jugar. Por suerte tuve la mentalidad para hacer ese cambio. Me queda como enseñanza eso. Si yo hubiera dicho que no quería cumplir esa función y que sólo quería jugar de enganche, en seis meses estaba afuera. La mentalidad cuando salís es fundamental hacerse fuerte y saber adaptarte.

-No es fácil para el jugador argentino aceptar mucho los cambios.
-Es verdad, pero es la única cuando estás afuera. Muchas veces nos fastidiamos si no jugamos, o si nos sacan de nuestro puesto natural. Yo en Racing jugué de doble cinco, necesitaba eso el equipo, y la gente no lo entendía bien. En Inglaterra, yo llegaba el día del partido y ahí te enteraba si ibas a jugar, ibas al banco o a la tribuna. En el fútbol argentino, el futbolista se fastidia si no le avisan un par de días antes. Empieza con esas cosas que no te preparaste mentalmente... En Europa no hay relación entre el técnico y el jugador, nadie te explica nada. Ellos te ven bien y jugas, no estás bien vas para afuera, es lógico.

-Y en el fútbol chileno, ¿con qué te encontraste?
-Con el nivel que me imaginaba. Con un fútbol técnico, todos intentan jugar bien. El que va último le hace fuerza al que va primero. Además, estoy en un club bárbaro. Ya conocía el club porque lo había enfrentado en la Libertadores cuando yo estaba en México, ya conocía Santiago de Chile, que es una ciudad muy bonita, estoy muy contento con la elección. El año pasado no nos fue muy bien, pero este año tenemos la ilusión de pelear el título hasta el final y estamos detrás de eso. Creo que por la etapa en la que estoy en mi carrera llegué al lugar justo. A la gente  le encanta el fútbol, pero no se vive con la locura esa del fútbol argentino. No estás pensando que si va tu familia a la cancha la pueda pasar mal, eso que te pasa en la Argentina. A uno le gusta su fútbol, el de su país, pero a la hora de elegir un destino, uno evalúa muchas cosas.

-¿Vos lo pensaste cuando te ofrecieron volver?
-En mi caso pesó en la elección. Apareció lo de Católica y no lo dudé. Es que a mí me gusta que mi hijo vaya a la cancha y no le pase nada, que yo puede jugar sin pensar que afuera le puede suceder algo a mi familia. Cuando era más chico, uno no lo piensa. Y te digo la verdad, yo jugué en muchos lados, pero no hay como el fútbol argentino. La adrenalina de la gente saltando y alentando, no hay en otro lado. Yo tuve la suerte de jugar en Racing y eso que te da el fútbol argentino, no existe afuera. Tiene esa parte espectacular, pero también tiene cosas que son complicadas, la vida en la semana. Y cuando uno está más grande, pone muchas cosas en la balanza.

-Cuando elegiste Chile, ¿fue como escala para ir a otro lado o para terminar la carrera ahí?
-Uno dice una cosa y después sale otra. No se puede planificar mucho. Pero cuando tenés 31 o 32 años, diagramas en tiempos más cortos. Yo me quedaría por muchos años, pero firmé por uno, pero como club y para mí como jugador, para la familia lo que es la ciudad, es un lugar para quedarse varios años. Pero en el fútbol, después te llama un equipo, te pica el bichito y arrancás. Yo pienso que en mi país las cosas están complicadas, pero si me llama un equipo y me convence el proyecto, puede ser que entusiasme y vaya. Por eso digo que no puede planificar demasiado.

-Mucho se habla de que en el fútbol argentino se juega mal, ¿de afuera se ve igual?
-Es la opinión de muchos. En Chile le tienen admiración Al fútbol argentino por lo que representa, pero el juego en sí es poco vistoso. Cuando uno conoce la historia de los equipos, sabe que el nivel no es el mismo. En general son aburridos muchos partidos. Lo que sí es verdad es que es muy difícil jugar en la Argentina, hay muy pocos espacios, prevalece mucho la fuerza. Yo creo, desde mi óptica, que habría que pensar en un cambio de mentalidad en el fútbol argentino, porque entiendo que hemos retrocedido en el juego.

-¿Eso puede darse por la formación?
-Yo tuve la suerte de estar en las juveniles con Pekerman (José) y con una camada de jugadores espectaculares. Y creo que el jugador hoy no llega a primera como antes. Por poner un ejemplo, en River, no llega a primera el futbolista que antes llegaba, con una técnica especial, con intención de jugar al fútbol. Lo que sí es seguro es que llegan súper preparados físicamente, es como que hay falta de entrenamiento con balón. Pero en especial creo que tiene que haber un cambio de mentalidad en los jugadores, en la forma de jugar, pero es una opinión personal. Yo ví a la Sub 20 y tenía muy buenos jugadores, con fuerza, con velocidad, pero no tenía tantos jugadores pensantes, que entiendan el juego. Yo recuerdo que tenía la Sub 20 hace unos años, como Aimar, Riquelme, Cambiasso, por sólo nombrar tres. Eran jugadores físicamente normales, pero con un sentido del juego impresionante,  que los hacía distinto. O Gaby Milito, que no era muy alto ni muy fuerte, pero tenía una calidad impresionante.

-¿Qué sentís que te quedó por cumplir en todos estos años?
-A mí me hubiera gustado salir campeón con Racing. Y a como todo jugador, haber podido jugar, al menos, un partido en la selección mayor. Igual es como no me puedo quejar porque estuve en las juveniles y fue fantástico. Aunque por cómo se dio mi carrera, no me arrepiento de nada. Quizá una cosas me hubiera gustado que fuera distinto, es que cuando llegué a Inter, de Italia, yo forcé la salida a préstamos a Torino, donde después hice el gol que fuimos campeones. Pero me hubiera gustado quedarme entrenando con ese equipo con tantas figuras, quizá no jugando o haciéndolo con la reserva, pero aprendiendo todos los días. Pero en el momento no me di cuenta y no lo aproveché. Pero mi carrera ha sido muy linda hasta ahora y no me puedo quejar.

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