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El ex jugador de la Selección Argentina habló sobre el asalto que sufrió en 2009, en el que perdió un ojo y todavía hoy lo obliga a usar una silla de ruedas.

A Fernando Cáceres le tocó vivir una situación límite, de esas que cambian la forma de ver el mundo. El 1 de noviembre de 2009 en un intento de asalto, un balazo le produjo la pérdida de su ojo derecho, le perforó la base del cráneo y lo dejó en una silla de ruedas que espera dejar en poco tiempo. Lejos de sentir odio y sed de venganza por los jóvenes que llevaron adelante el asalto, El ex jugador de Argentinos, River, Celta y la Selección Argentina, tiene una mirada mucho más profunda de la coyuntura social que desemboca en la delincuencia. Así lo expresó en diálogo con la revista La Garganta Poderosa, la publicación de cultura villera escrita, fotografiada, dirigida y financiada por vecinos de distintos barrios marginados de la Argentina.

"Esos chicos que me robaron, como todos los demás, deberían haber estado contenidos, porque ningún pibe nace chorro. Tendrían que estar en una canchita o estudiando", reflexionó Cáceres, que fue baleado por cuatro jóvenes de la villa Carlos Gardel, la misma en la que él nació hace 43 años,

El ex jugador atribuye este tipo de conductas a la desigualdad social y a la distinta vara para castigar: "La delincuencia existe en todos lados, no sólo en los sectores marginados. Pero se les apunta a los pobres porque son quienes tienen menos recursos para defenderse. La delincuencia, en muchos de esos casos, tiene que ver con la falta de trabajo que los afecta directa o indirectamente. La Justicia pienso que debería medir a todos por igual. El día que así sea, estará para cosas verdaderamente importantes. Mientras tanto, le seguirán apuntando a las villas o a los barrios carenciados, porque sin dudas, es mucho más fácil". 

En una interesante reflexión, Cáceres comparó el hecho de que hoy tenga que usar una silla de ruedas con la situación social en la que están inmersos los jóvenes que delinquen: “Lo que me pasó no se trata de una lotería, como algunos dicen, porque yo jamás compré un número y acá estoy. Mi castigo, hoy, es la silla de ruedas, pero en tres o cuatro meses la podré vender o regalar. En cambio, ellos, los chicos que me asaltaron, están castigados de por vida, castigados por su historia; obligados a salir a robar. Y eso es mucho peor"

La charla con Cáceres se publica en el vigésimo número de La Garganta Poderosa que ya está en las calles y en los kioscos de diarios del país.