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El jugador argentino se sincera en una amplia entrevista. "Espero regresar a River, y cuando lo haga, me gustaría que no estuviera ni esta dirigencia ni este entrenador", apuntó.

La ciudad deportiva del Rayo Vallecano recibe el día más ajetreado de lo normal debido a los entrenamientos de las categorías inferiores, que aprovechan los últimos coletazos del verano para entrenar por la mañana, rompiendo así el esquema de un primer equipo acostumbrado a ejercitarse en la soledad que ocasionalmente sólo alteran unos pocos aficionados y periodistas que observan el entrenamiento mientras pasean por la pasarela que separa el campo de césped natural de los sintéticos. Hoy la estrella es Leo Baptistao, juvenil de 18 años que hizo el gol del triunfo el pasado sábado ante el Betis. Su hazaña es premiada con la presencia de numerosos medios, a quien atiende siempre con una sonrisa en la cara durante algo más de una hora, justo el tiempo que se toma Alejandro Domínguez en salir de la ducha. Sube las escaleras que conducen hasta una pequeña sala donde tiene lugar la entrevista disculpándose por la espera. Se le nota contento y ansioso por debutar de nuevo con la banda. Es otro escudo, pero al fin y al cabo, no abandona la banda.

-       Los que le conocen, piensan que su carácter ha influido sobremanera en su carrera, ¿está de acuerdo?

-       Lo que pasa es que yo tengo una forma de ser que no sé si es compatible con el fútbol, que es un mundo donde no siempre se puede decir lo que uno piensa. En ocasiones conviene tener una partecita de falsedad y a mí me cuesta, ya que no es fácil convivir en un vestuario con otros veinte tipos siendo alguien que no eres. Pero lo intento. Intento adaptarme de la mejor manera a esto porque es mi trabajo, lo que me gusta. Si no, no lo podría hacer. Pero sí, suelo tener roces por ese motivo.

-       Como en Valencia. ¿No le queda la sensación de que perdió una oportunidad?

-       Lo que pasa es que yo cometí un par de errores importantes ahí: haberme peleado con Emery y con Braulio, el director deportivo, y después no tener una gran relación con Albelda. Mirándolo bien, fueron varios pesos pesados en el club y es normal que las cosas fueran así. Después, con Superdeporte (periódico deportivo Valenciano) no tenía una estupenda relación, por lo que se puede decir que estaba en contra de toda Valencia.

-       ¿Alguna vez se ha marchado a casa con la sensación de que hubiera estado mejor con la boca callada?

-       En Valencia la tuve. Seis meses la tuve. Cuando llegué estaban Villa, Silva y Mata y me banqué cambios que no se podía hacer, situaciones…Digamos que lo entendí. Cuando les vendieron pensé que podía tener mi oportunidad, pero siguieron con el mismo discurso, solo que en este caso, los que jugaban eran otros. Llegó un momento en el que no lo pude soportar. Mire, quizá soy muy frontal y muy leal y sé que a veces pienso y digo algunas cosas que sé que me van a traer algunos inconvenientes, pero soy así.

-       ¿Qué queda del Chori que debutó en Quilmes?

-       Era muy joven. Supongo que quedan cosas, porque fueron tiempos difíciles por los títulos perdidos y de eso se aprende. Pero si tengo que decir algo, diría que a día de hoy estoy más tranquilo que antes. Si bien quiero ganar, porque en el fútbol hoy día solo se miran los resultados, me interesa hacer las cosas bien, con cabeza. Estoy en mi madurez futbolística, emocionalmente me siento bien, y compruebo como se puede aprender día a día.

-       Y sigue con la banda.

-       ¡Claro! Es algo importante para mí.

-       Dígame, ¿no le hubiera gustado seguir esta temporada en River?

-       Lo que pasa es que a mí me echó el presidente, no la gente. Bueno, ni siquiera me echó, sino que no le interesó que continuara. Ni a él, ni al entrenador. Si no te quieren en un sitio, ¿para qué te vas a quedar?

-       Siendo hincha del club –un tatuaje en su brazo derecho lo atestigua-, ¿le duele más no seguir?

-       Igual, tampoco me dijeron de seguir. Me enteré por los medios, ya que ni siquiera me llamaron.

-       Passarella comentó en varias apariciones públicas que era una locura si usted y Cavenaghi no renovaban.

-       Supongo que fue quedando en el olvido. Al menos, me queda la reacción de la gente, que hizo un banderazo enorme en la puerta del club para que los dos nos quedáramos. Eso llena de orgullo a cualquiera, y es por lo que digo que mi afecto y amor por River va más allá del presidente o del técnico que haya en este momento.

-       ¿Intentó llamar a pedir explicaciones?

-       Sí, sí. Intenté hablar con algunos, pero la decisión estaba tomada. Únicamente nos queda el consuelo de que todo en la vida vuelve y yo espero regresar algún día. Solo espero que no esté ni esta dirigencia ni este técnico. No son buenos para el club.

-       ¿Vio a River por televisión?

-       Sí, lo vi, pero me provoca un sentir raro, por no decir dolor. Sé que la temporada pasada hice un esfuerzo muy grande para que River esté ahora ahí y gente que nos jugó una mala pasada está disfrutando de algo que no merece. De todos modos, yo siempre seguiré a River porque soy hincha y quiero lo mejor para el club.

-       Dígame, ¿cómo fue el año en Nacional B?

-       Duro. No sólo tuvimos que sacar a River del descenso, fue algo mucho más profundo. El club en la parte dirigencial estaba abatido, muy mal; los vestuarios eran un desastre y a veces no te podías ni duchar; los partidos muy complicados y peleados porque es una división jodida…Creo que River la temporada pasada necesitaba hinchas dentro del campo, y nosotros hicimos un cambio muy grande, una revolución para que el club pudiese resurgir. Por todo eso peleamos mucho.

-       Cambiando de tema, ¿cómo le va en Madrid?

-       Lo cierto es que bien. Adaptándome al club, a los compañeros, a la afición, y a Madrid, por supuesto, que era una ciudad que no conocía. Aún vivo en el hotel, a la espera de que me den la casa, por lo que todavía falta para que mi adaptación sea completa, algo que será también cuando juegue mis primeros minutos.

-       Vuelta a la Liga Española, ¿cuánto hay de revancha?

-       En ocasiones es conveniente que sucedan cosas como esta para que uno aprenda a superarse. Sinceramente estoy muy contento, porque si bien hay muchas personas que intentan desmerecer a un equipo como este, modesto, creo que arrancamos muy bien la temporada, y la idea que tiene el técnico es la de querer ganar jugando bien al fútbol. Obviamente, hay una parte de revancha.

-       ¿Qué le hace decidirse por el Rayo?

-       La idea de querer jugar un buen fútbol, porque hoy en día no hay muchos equipos que intenten hacer eso. Y bueno, fuera del fútbol, Madrid, que llamó la atención de mi familia. Además, tengo que agradecer a Felipe y el presidente el hecho de que se movilizasen para que yo pudiese estar aquí.

-       A sus 31 años, ¿siente que aun puede aportar?

-       Uno busca siempre nuevos desafíos. Yo a veces pienso: ¿qué le quedará a Messi o Xavi para seguir jugando? ¿Cuál será su motivación?

-       Y eso que dicen que en el fútbol queman más los títulos que los partidos…

-       Por eso tengo que buscar alicientes. Bueno, todos tenemos que hacerlo. Tengo una revancha deportiva y debo pensar que estoy en una de las mejores ligas del mundo compitiendo a un nivel muy alto

-       ¿Le da tiempo a ver fútbol argentino?

-       Veo poco, aún no tengo cable, pero según esté instalado, veré.

-       Se está jugando muy mal.

-       Cambió mucho, eso es cierto. Yo creo que es por la obsesión por buscar constantemente el resultado. Todos piensan en eso más que en demostrar o sacar jugadores de inferiores.

-       Cada vez salen menos jugadores de calidad, y los que salen, duran seis meses.

-       Eso es un tema que hay que verlo bien de fondo, porque viene de muy abajo. Deberíamos valorar qué enseñanza le dan a los chicos los que manejan el tema de las inferiores, tener mucho tacto y fijarse bien. Fíjese que yo a los quince quedé libre en las inferiores de Lanús, y dos años después estaba debutando con Quilmes en Primera.

-       Por último, mirando atrás, ¿cuándo se vio al mejor Chori?

-       Creo que en 2009, cuando me tocó regresar a Rubin. Buenos logros colectivos, e individualmente fui nombrado el mejor jugador de la liga rusa.

-       ¿Demasiado frío en Rusia, no?

-       Sí, pero bien ¿eh? Dejé buenos amigos, pero los primeros meses, bueno, los primeros dos años, no fueron fáciles. Al final, me acostumbré y estuve otros cuatro años más. ¿Seis está bien, no?

-       Perfecto.


 

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