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Primera División

  • 21 de septiembre de 2013
  • • 20:15
  • • Estadio Dr. Lisandro de la Torre, Rosario, Provincia de Santa Fe
  • Árbitro: M. Vigliano
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Después de tanto ir, finalmente Abreu la metió sobre el final y Rosario Central rescató un punto.

La Garra Charrúa

Después de tanto ir, finalmente Abreu la metió sobre el final y Rosario Central rescató un punto.

El Loco Abreu festeja tras el empate de Rosario Central sobre la hora ante Arsenal.

Arsenal ganaba 1-0 y Rosario Central lo tuvo todo el partido en un arco pero recién sobre el final Sebastián Abreu capturó un rebote en el área chica y lo empató.

El fútbol es emocionante pero también dramático. Sin dudas, el partido entre Rosario Central y Arsenal fue un espectáculo para los imparciales, pero un sufrimiento para los hinchas de ambos equipos, porque los fanáticos Canallas que coparon Arroyito hacían fuerza desde las tribunas pero no lograban quebrar a un equipo que hace un culto del orden.

Para los de Gustavo Alfaro, no hay escenario más ideal que abrir el marcador en los primeros minutos y luego dejar venir al rival para liquidarlo de contra. El tema es que el gol llegó demasiado rápido y el empuje del local fue tan avasallador que no dio respiro. De a poco, la base de Arsenal se fue erigiendo sobre la figura de Cristian Campestrini, que posiblemente haya tenido una de sus mejores noches a pesar de no haberse podido ir con el arco en cero.

La agresividad de Central fue inversamente proporcional al orden del equipo, por eso los de Russo iban para adelante constantemente pero en los metros finales no encontraban la claridad suficiente como para llegar al empate. Pelotas en la red (del lado de afuera), atajadas de Campestrini, rebotes afortunados y hasta tiros en los palos, transformaban una y otra vez el "goo" en "uuh" de los hinchas locales.

Hubo un lapso de tiempo en la segunda parte, en la que el cuadro rosarino no fue tan dominante, y pareció que se tomaba un respiro para luego volver a la carga en busca del gol. A todo esto, Arsenal también respiraba y como un boxeador que está perdiendo por escándalo, se animó a tirar un par de golpes aunque sin contundencia.

Durante los 90 minutos que dura un partido tanto los jugadores como los espectadores experimentan diversas sensaciones. En este tipo de encuentros en el que uno busca constantemente el gol mientras el otro se defiende como puede, es normal sentir que "ya va a llegar", pero también puede aparecer el pensamiento pesimista de "si no entró esta, no entra más". Y hasta que la pelota llegó al pie derecho de Abreu, el grueso de los fanáticos de Central se inclinaba por lo segundo, pero el fantástico fútbol les dio un revés para despabilarlos y que de una vez por todas pudieran gritarlo, desde las entrañas, para desahogarse después de tantas pálidas, y festejar un empate que tuvo sabor a victoria épica.

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