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Primera División

  • 10 de noviembre de 2012
  • • 18:15
  • • Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti, Capital Federal, Ciudad de Buenos Aires
  • Árbitro: N. Pitana
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Mora, la solución frente a la apatía

Mora, la solución frente a la apatía

¿Tres? No, uruguayo. Rodrigo Mora anotó dos goles y lleva cuatro en el campeonato

River jugó mal frente al peor equipo del campeonato pero su nuevo héroe, Rodrigo Mora, salió al rescate.

El escepticismo del hincha Millonario es lógico y comprensible. Acostumbrado a las frustraciones del último tiempo, a un abismo de la gloria de antaño, no se permiten soñar. En tal sentido, el triunfo frente a Unión de Santa Fe no supondrá más que la efímera conformidad por los tres puntos obtenidos. River reiteró el preocupante rendimiento de sus últimas jornadas. Fue un equipo apático, sensación fundada por el inentendible esquema que planteó Matías Almeyda. Aún así, el talento diferencial de su gema más preciada le permitió sumar de a tres frente al peor equipo del Torneo Inicial.

Posesión estéril fue la de River durante todo el partido. Sin profundidad y sin intérpretes capaces para traducir su tenencia en oportunidades de peligro. El Millonario recayó una y otra vez en el toqueteo intrascendente, una buena noticia para un Unión de recursos limitados que apostó a cuidar el cero en su propio arco y aprovechar alguna contra. River jamás hubiera podido destrabar el partido si no hubiera sido por su talento individual, una diferencia propia de enorme diferencia de recursos.

Rodrigo Mora es un jugador atípico dentro del diezmado fútbol argentino. Es uno de esos talentos que bien temprano emigran hacia el exterior, cuando todavía ni siquiera han comenzado a madurar. Desfachatado, talentoso, veloz, desprejuiciado, perseverante, goleador. Ni siquiera la mediocridad habitual de su equipo lo ha diezmado. Su principal virtud, su capacidad para generarse sus propias chances dentro de un conjunto que depende exclusivamente de su inspiración para hacer levantar al hincha del sillón. En otro contexto, donde su preocupación existencial fuera la de interpretar a los lanzadores y desmarcarse como receptor, multiplicaría su cuenta semana a semana.

El uruguayo se ganó una merecida ovación por su doblete. En un partido trabado, en el que Unión impuso las condiciones de juego durante gran parte del primer tiempo, quebró la paridad. Su conexión charrúa con Carlos Sánchez hizo posible el triunfo. El mediocampista uruguayo recordó a aquel que brilló en Godoy Cruz, aún cuando una eternidad lo separa de esa realidad y regularidad. Fueron los dos mejores del Millonario, un oasis entre tanta apatía.

River, afuera de la lucha por el Inicial casi desde un comienzo, alcanzó la línea de los veinte puntos. El golde Mora en la agonía del primer tiempo fue un cachetazo letal del que nunca se recuperó. Sin triunfos, último en ambas tablas, su destino parece escrito. Solo un milagro podría salvarlo. Un milagro tan utópico como el que necesita el Millonario para delinear un plan de juego con Matías Almeyda en el banco de suplentes.

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