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Primera División

  • 9 de junio de 2013
  • • 14:15
  • • Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti, Capital Federal, Ciudad de Buenos Aires
  • Árbitro: S. Laverni
2
F
1

Lo empujó al infierno

River venció a Independiente, se trepó a la punta y dejó al Rojo a un pasito de la B Nacional: desciende si mañana gana Argentinos.

Es imposible no sentir la presión. No hay deportista en el mundo que en una situación adversa semejante puede desempeñarse con total libertad, explotando al máximo sus cualidades. Pedir sangre es una muestra cabal de ignorancia; intentar suspender un partido revoleando butacas a los hinchas rivales, también.

¿Acaso alguien cree que porque un jugador cobra miles de dólares por mes juega sin interés? El fútbol es un negocio, sí, pero los mercenarios no son los jugadores; son los exdirigentes, los intermediarios que se quedan con dinero en las negociaciones, los barras y todos aquellos que por beneficio propio perjudicaron a Independiente en los últimos años.

El equipo de Miguel Brindisi tenía un difícil compromiso ante River, que pelea por el título, y sólo la victoria le servía, aunque no lo salvaba. Para colmo, una vez pasados los minutos de estudio entre un equipo y otro, Iturbe aprovechó una sucesión de rebotes y definió sólo ante Rodríguez. Hasta ahí, el encuentro era parejo e incluso tuvo una clarísima el rojo en la cabeza de Fredes, que quizá siguió la jugada por instinto, pensando que estaba en posición adelantada, y por eso no logró direccionar el tiro.

El nivel de presión aumentó constantemente después de ese gol. En una situación así, el cerebro ya no tiene total libertad para manejar el cuerpo, y la desesperación por acercar la pelota al arco rival, hace que el pelotazo vertical sea opción antes que el toque corto y horizontal. Por eso en ningún momento el cuadro de Avellaneda pudo revertir el resultado, porque Vargas y Montenegro, veteranos de unas cuantas batallas, aportan su calidad y experiencia, pero sin ayuda externa se les hace imposible.

Encima, en el complemento Iturbe dio una exhibición brillante de su condición física y con un pique fantástico por la izquierda le dejó servido el gol a Manuel Lanzini, que llegó con envión, inclinó el cuerpo hacia la izquierda, abrió el pie derecho, y la clavó al ángulo. Lamentablemente, el segundo tanto del Millonario hizo explotar de furia a varios hinchas de Independiente, que rompieron un alambrado y se pararon inconscientemente en los techos de chapa de la platea de River, y revolearon varios asientos de plástico hacia abajo.

Para evitar que cumplieran su objetivo de suspender el partido, el árbitro Saúl Laverni decidió que el encuentro se siguiera jugando, y sobre el final Montenegro clavó un derechazo que le dio un poco de ilusión al Rojo, que se diluyó en los últimos instantes. Una victoria de Argentinos Juniors mañana decreta el descenso de Independiente, que ahora más que nunca, está a un paso del infierno.

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