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Primera División

  • 17 de febrero de 2013
  • • 20:15
  • • Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti, Capital Federal, Ciudad de Buenos Aires
  • Árbitro: D. Abal
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Golazo y a cobrar

Una volea de Trezeguet para culminar una linda jugada colectiva le bastó a River para imponerse ante un apático Estudiantes y subirse a lo más alto del Torneo Final.

Y un día volvió a su casa. Después de casi once años, Ramón Díaz volvió a ser local en el Monumental. River, su River, recibió a Estudiantes para jugar el último partido del domingo. Pero estuvo lejos de aquellos equipos tradicionales del riojano, que desplegaban un fútbol de alto vuelo. El River modelo 2013 aún está en formación y se nota. Como la semana pasada ante Belgrano, al Millonario le costó el partido pero logró imponerse ante un Estudiantes que prácticamente no inquietó el arco de Marcelo Barovero.

Las intenciones de ambos cuadros quedaron evidenciadas de temprano. Estudiantes cedió terreno y pelota a su rival, con el objetivo de salir rápido con un pelotazo a Durván Zapata o la Gata Fernández. Pero la intención del Pincha quedaba en eso, y solo logró amenazar la valla contraria por intermedio de algunas pelotas paradas. Mientras tanto, los locales empujaban a sus contrincantes bien cerca del arco defendido por Agustín Silva. Sin embargo, el plan de River se concretaba hasta la mitad de la cancha. Las buenas maneras de River no lograban avanzar más allá, producto de la falta de fineza de los encargados de generar juego.

Quien sí logró facturar fue David Trezeguet. Un centro de Ariel Rojas -de gran partido- encontró el botín derecho del delantero francoargentino que le puso el moño a una gran jugada colectiva por izquierda -la zona que más y mejor explotó River- con una volea de pique al suelo que se coló en las redes del equipo platense. Con la diferencia en el tanteador establecida, River siguió con su plan de ser prolijo en el traslado de la pelota, mientras que para Estudiantes el guión cambió. Los dirigidos por Diego Cagna se vieron obligados a salir en busca de un gol que devuelva la igualdad al partido, tarea que le resultó imposible.

Durante el segundo tiempo, la producción de River cayó, y terminó sufriendo el juego. En los últimos minutos se repitieron los pelotazos al área de Barovero, desactivados una y otra vez por los centrales. Juan Manuel Iturbe se dio el gusto de debutar en el fútbol argentino, y hasta pudo convertir el 2-0, tras un gran pase del goleador de la noche, pero Silva le ahogó el grito.

River, ahora, es puntero y sueña. Como en los buenos viejos tiempos de Ramón. Sin el juego ampuloso de otrora, sin el brillo característico. Con trabajo y sacrificio, pero puntero al fin. Contra Tigre, el próximo fin de semana, tendrá otra chance de incrementar el caudal de juego, uno de los ítems que aún descansan del lado del debe.

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