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Premier League

  • 22 de diciembre de 2012
  • • 12:00
  • • Etihad Stadium, Manchester
  • Árbitro: M. Dean
  • • Espectadores: 47007
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En la última pelota, Gareth Barry salva a Roberto Mancini

En la última pelota, Gareth Barry salva a Roberto Mancini

Getty Images

Los citizens merecieron ganar pero fueron incapaces de golpear a su rival hasta el minuto 92. David Silva puso el centro del gol que salva una vez más a Roberto Mancini

Recibía el Manchester City al Reading, último clasificado de la Premier League con la confianza de volver a la senda de la victoria en el Etihad Stadium. La racha invicta se rompió frente al Manchester United, por lo que no podrían recibir a mejor rival para conseguir que las aguas volvieran a su cauce. Con muchas bajas afrontaba Roberto Mancini este partido. Balotelli, Kolarov o Nasri no estuvieron en la convocatoria de un City que sin embargo no notó este contratiempo.

Se jugó el partido bajo el guión establecido. Y es que a la solvencia Citizen probada en años en el Etihad Stadium se unía que el Reading sólo ha empatado dos veces de visitante, contando por derrotas todos los demás encuentros. Y si estas estadísticas no acabaran con cualquier halo de esperanza de los visitantes “The Royals”, hay que saber que cuando Tévez ha compartido once inicial con su compatriota Agüero, han vencido a su rival en todos los partidos disputados en la Premier League.

No obstante, el Manchester City sufrió para culminar el dominio que tenía del partido. Estaban estancados en el último cuarto de cancha, siendo Agüero el mejor de los locales. Lástima que no encontrara la complicidad de sus compañeros. Ni Carlos Tévez ni David Silva estaban a su mejor nivel. La mejor oportunidad de la primera parte fue un disparo de cabeza de Gareth Barry que despertó ligeramente a los espectadores del Etihad, los cuales, y es para honrarles, llenaron el estadio pese al frío y el poco estimulante rival. Igualito que en España.

Era cuestión de tiempo que llegara el gol del City. No sólo porque habían marcado en todos sus partidos en casa, si no porque eran dueños del balón y del encuentro. La segunda parte no difirió mucho de la primera mitad. Dominio local total y falta de acierto en los metros finales. Estaban empeñados a llegar pase a pase al área pequeña. Los visitantes estaban bien situados y esa táctica no le estaba funcionando a Mancini.

Así pues el italiano no tardó en sacar a su hombre revulsivo, el bosnioherzegovino Edin Dzeko, sustituyendo a un correcto Javi García. A falta de mediocentros que dieran ese último pase, Roberto Mancini se decantó por lo que más le gusta, aglutinar delanteros. El público se empezaba a impacientar escuchándose los primeros murmullos. Y los murmullos se convertían en pitos, nada usual en Manchester. Con el ambiente más enrarecido que nunca se mascaba la tragedia.

Y como invocando el espíritu del último partido de liga frente al QPR, Barry se alzó sobre su defensa y remató a gol un excelente pase de David Silva que salva a Roberto Mancini de la quema. Una vez más. La gente y sus detractores ya no saben si pensar que la flor de la suerte es enorme, o si quizá el karma le devuelve lo que el Universo le debe con tanta crítica. Tres puntos que le dan la vida a un Manchester que ha quemado un pétalo más frente a un rival muy inferior. Necesitará mucho más para ganar la Premier de nuevo.

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