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Primera División

  • 15 de junio de 2013
  • • 15:10
  • • Estadio Libertadores de América, Avellaneda, Provincia de Buenos Aires
  • Árbitro: S. Trucco
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Se fue al infierno

Lo que hace seis meses era inesperado sucedió: Independiente descendió a la B Nacional tras perder 1-0 ante San Lorenzo en el Libertadores de América. El gol lo hizo Correa.

No hizo falta que llegara el pitazo final de Silvio Trucco para que la ilusión se desvaneciera. Desde los primeros minutos del partido, Independiente estaba descendido. Después de 108 años de riquísima historia, el rojo de Avellaneda pasa por una situación que nadie nunca imaginó.

Tres generaciones de hinchas en el estadio Libertadores de América, donde antes se erigía el Doble Visera, testigo de noches inolvidables de copa en las que el diablo siempre terminaba victorioso. Abuelos, padres e hijos llorando desconsoladamente, incrédulos ante semejante disgusto. Sabían que habían ido a ver la caída de un gigante, porque hasta una victoria lo dejaba con poca chance el equipo de Miguel Brindisi.

Mientras los hinchas de quien les da plata insultaban a Cantero, la mayoría del estadio hacía lo propio con Julio Comparada, anterior Presidente de la institución, que se encargó de destruir económicamente al club y es uno de los grandes responsables de esta situación. Son varios los que completan la lista de la culpa, incluso algunos entrenadores que intentaron desvincularse de la situación, pero los que siempre estuvieron ahí, incluso en el final, los legítimos hinchas, pusieron la cara por los colores e inundaron de lágrimas sus camisetas.

Quizá por acto reflejo o por el simple hecho de escaparle a la realidad, algunos todavía sostenían las radios apretadas contra la oreja, esperando que el partido se diera vuelta en La Paternal para seguir con la ilusión. No importó el gol de Correa, porque en realidad nunca importó el partido. Lo que realmente valía era estar ahí, acompañando al equipo en su agonía, demostrando que se puede descender sin destruir el estadio y eso fue lo que sucedió.

Independiente descendió, será una mancha imborrable en su historia, será un dolor duradero en la multitud de hinchas, pero el rojo se distinguió y despidió al equipo con una ovación. El milagro nunca llegó y al cuadro de Avellaneda sólo le queda explorar un terreno desconocido e intentar volver lo antes posible.

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