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Primera División

  • 31 de marzo de 2013
  • • 14:15
  • • Estadio Libertadores de América, Avellaneda, Provincia de Buenos Aires
  • Árbitro: S. Laverni
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F
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Los dos siguen en rojo

Pese jugar 75 minutos en ventaja numérica, Independiente no pudo vencer a un Boca que se conformó con el resultado y aguantó en el fondo. Agustín Orión fue la figura.

Sí, los dos siguen en rojo: Independiente porque no pudo vencer, aun cuando jugó un gran partido, con un despliegue al máximo y superioridad numérica; y Boca Juniors, porque sigue sin encontrar el rumbo futbolístico que pretende Carlos Bianchi.

El comienzo tuvo emociones de los dos lados: a los 2 minutos Caicedo casi abre el marcador para Independiente y a los 4' Saúl Laverni anuló el gol que Santiago Silva marcaba de cabeza, por una posición adelantada, bien sancionada por el asistente.

Cuando apenas iban 12 minutos, una infracción de Claudio Pérez deribó en penal para el Rojo, que ejecutó Daniel Montenegro y atajó Agustín Orión. Cuatro minutos más tarde, Boca se quedó con diez hombres, por la expulsión de Cristian Cellay, tras falta a Luciano Leguizamón cuando se iba cara a cara con arquero.

Las emociones no cesaron. Con un ritmo intenso, Independiente buscaba más, mientras Boca no conseguía la pelota. Bianchi rearmó la defensa pasando a Albín al lateral derecho y haciendo bajar a Juan Sánchez Miño al izquierdo. Hasta que a los 38 minutos Silva marcó el 1-0 para Boca, con un cabezazo tras centro de Sánchez Miño.

El segundo tiempo comenzó con dos minutos de demora y el árbitro echó a Bianchi, como marca el reglamento. La tónica fue similar a la de la primera mitad: Independiente yendo sobre el arco de Orión. Mancuello, Montenegro y Miranda acercaron peligro hasta que a los 63' Orión le tapó un mano a mano a Farías pero Morel Rodríguez clavó la igualdad con un zurdazo que reventó la pelota que quedó picando en el área xeneize. Fue el primer gol del paraguayo con la camiseta del Rojo.

Igualados en el marcador, pero con diferencia numérica de hombres en la cancha, Independiente transformó al partido en una mano única, con todas las acciones dirigidas hacia el arco de Orión. El arquero y Sánchez Miño contuvieron todo lo que pudieron.

Caicedo y Benítez, que entró por Leguizamón, siguieron con el monólogo local y agrandaron la figura del arquero boquense, que una y otra vez le tapó el que hubiera sido un merecido triunfo.

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