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Clasificación Mundial Sudamérica

  • 12 de octubre de 2012
  • • 21:00
  • • Estadio Malvinas Argentinas, Mendoza, Provincia de Mendoza
  • Árbitro: Leandro Pedro Vuaden
  • • Espectadores: 31997
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F
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Estampa de genio

Estampa de genio

Messi celebra un gol

Argentina fue muy superior a Uruguay y se coloca como líder de las Eliminatorias. Messi fue de nuevo decisivo con dos goles, uno de ellos de absoluta genialidad.

La genialidad no se explica, pero se percibe. Sucede cuando el propio protagonista, en este caso un jugador de fútbol, apenas advierte algo especial en lo que acaba de hacer. Simplemente responde con un ‘qué se yo, se me ocurrió’, cuando es preguntado a cerca de qué pensó para lanzar un tiro libre por donde ninguna persona de buenos pensamientos hubiese siquiera imaginado. Como si Picasso hubiera dicho: ‘nah, unos brochazos’, cuando le preguntaron tras haber pintado el Guernica. Una normalidad que asusta. Él no le da importancia, a pesar de ser el más importante. Puede que sea en esa simbiosis donde radique el éxito de este equipo argentino, que no juega bien, pero que cada partido muestra una y otra vez la estampa del mejor jugador del mundo regateando a jugadores de otros equipos. Por suerte para Argentina, Messi nació en Rosario y no en un poblado de Soweto o en una barriada del norte de Marsella.

Para cuando Messi hizo el tercero que relatábamos materializando un tiro libre por debajo de la barrera, Argentina había sido varias Argentinas, y si bien las comparaciones subyacen a las impresiones, el juego mostrado en los primeros veinte minutos despejaron las dudas sobre el potencial ofensivo del equipo, abriendo otras nuevas más tarde sobre la utilización de tantos jugadores del mismo perfil en la misma línea de ataque. Argentina era superior a Uruguay, pero solo Messi parecía demostrarlo con hechos palpables, como cuando zafó de cuatro para disparar cerca del travesaño. La misma jugada de siempre, la que todos saben que va a hacer, y la que siempre hace.

En la segunda mitad, el guión de película no cambió. Uruguay estaba cómodo en su papel de secundario esperando una contra, y Argentina estuvo cerca de desesperarse al no encontrar la asociación correcta. Por suerte, apareció Messi para hacerse cargo de un balón en la frontal del área y abrir para Di María que puso el balón justo para que la puntera de Messi fuese más rapida que los reflejos de Muslera y llevase el balón a la red. A partir de ahí el partido se abrió y en diez minutos Uruguay pasó a ser un juguete sin alma en manos de un equipo argentino que volaba hacia el segundo. Lo hizo Agüero, iniciando una jugada y rematando a la red tras una bonita combinación entre Messi y de nuevo Di María.

Con la agonía del partido llegó la genialidad del tipo que está llamado a recrear la gesta del 86. El tipo que no le da importancia a lo que hace, pero que crea desconcierto en los demás. Como Lugano, que contrariado, mordía la camiseta en el banco mientras contemplaba la estampa. La que marcan los genios, claro.

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