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Mauricio Cabrera: Así cualquiera...

Mauricio Cabrera: Así cualquiera...

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Nuestro columnista analiza la forma en que los mexicanos pasan de idolatrar a un futbolista, a olvidarlo tras el primer fracaso que consuma.

La experimentación valida la hipótesis. Cuando este lunes Manchester United celebró con euforia su retorno al cetro inglés, la idiosincracia mexicana volvió a entrar en acción para caer en una especie de malévolo doble festejo. Se aplaudió a Van Persie como un futbolista que en el nombre de superhéroe lleva la grandeza y se lanzaron sonrisas irónicas ante el festejo de Javier Hernández.  Los de mayor nobleza se compadecían de él por verse emocionado pese a que sus minutos empiezan a poder contarse con un ábaco; los detractores, se relamían los bigotes tachando con marcador ese título del historial del futbolista mexicano. Compasión o burla, poco más para Chicharito.

Al aficionado mexicano, catapultado en sus actitudes por el discurso periodístico, se le ha vuelto costumbre ignorar el pasado. Hernández no nada más tiene que ser titular y anotar goles, debe hacerlos a lo Van Persie o a lo Messi, porque si no dejan de contar en la particular tabla de goleo del adiestrado ojo azteca. O Hugo Sánchez, ese al que se le profesa más odio que amor, dejó malacostumbrada la retina mexicana o existe un afán por hallar lo negro en lo blanco. Dado que anotar y jugar no era suficiente, menos pasar de ser un actor protagónico a uno tan secundario que se le ve más en anuncios que en la cancha.

El olvido es severo. No se trata de un pasado que requiera de un viaje a los libros de historia, sino de experiencias previas que las actuales generaciones de aficionados vieron, sintieron y sufrieron en carne propia. Emocionaba, hace no tanto como quisiera pensarse, que Cuauhtémoc Blanco se fuera por cien mil dólares al Valladolid o que Francisco Palencia llevara su melena estilo Pocahontas a pasearse por el Espanyol de Barcelona. La amnesia colectiva desconoce también que un día México se despertó alentado porque el Kikín Fonseca fuera al Bénfica de Portugal o que Luis Hernández tuviera como mayor logro en Argentina que lo bautizarán Pájaro y que con esas mismas alas que le colocaron volara de regreso al país.

México está condenado a que Chicharito sea un histórico y éste a que se le quiera ver como a una versión moderna de Enrique Borja. Cazagoles oportunista, más suertudo que talentoso. El discurso masivo es como una sopa del día, cambia al gusto del chef. Si hoy sus anotaciones son insípidas y sus minutos tan escasos como los goles de la Selección en eliminatorias, después se le criticara por ser protagonista en equipo chico, donde cualquiera es rey. Si hasta a los héroes de la patria se les cuestiona, por qué no a un futbolista que anota con la cara y que en la noche de la coronación miró como espectador con asiento VIP a Van Persie haciéndose grande. Así cualquiera, según la afición mexicana, que debiera ser la suya.

 

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Mauricio Cabrera es Director General de La Ciudad Deportiva, ex Editor General de mediotiempo.com y ex Editorial Manager de Yahoo! México. Escribe una columna semanal para Goal.com

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