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Mauricio Cabrera: La cómoda pobreza de la Liga MX

Mauricio Cabrera: La cómoda pobreza de la Liga MX

Chivas

Te presentamos la visión de nuestro columnista sobre los cambios que se manifiestan en nuestro fútbol. A veces por temas económicos, y otros por errores de los dirigentes.

Los tiempos han cambiado. La frase típica de los viejos que añoran lo que un día fue y no será aplica más que nunca para el juego y su geografía. Aunque en el fondo una pelota y dos porterías siguen siendo los únicos requisitos para hablar de futbol, las diferencias saltan a la vista tanto como el contraste de un indigente pidiendo dinero a un hombre montado en un automóvil de lujo. El deporte conoce también de clases sociales.

La brecha se ha ampliado a punta de billetazos. Las grietas entre las ligas exportadoras y las importadoras se han hecho tan grandes como los bolsillos de los multimillonarios que han aterrizado en las ligas más opulentas de Europa. Si en su momento Florentino Pérez convulsionó al mundo del balompié con los "galácticos", hoy le surgen imitadores en Inglaterra, Francia, Rusia y hasta en el Medio Oriente. Lo bonito sale caro. Al futbolista talentoso se le compra y se le vende bajo la misma premisa que a una prenda de vestir.   Con dinero todo es posible; sin dinero, la creatividad y el apego a principios es indispensable.

La liga mexicana -Liga MX para respetar el maquillaje con que los creativos decidieron embellecer a la cincuentona decadente- ha encontrado en la pirámide social del futbol su mejor pretexto. Cuando se habla de falta de espectáculo, se menciona escasez de presupuestos. Cuando se pone en evidencia la marcada distancia entre los mejores equipos del mundo y las escuadras mexicanas, se habla, una vez más, de la imposibilidad de tener a los mejores por una traba económica. La falta de recursos es, a ojos de muchos de los que maquilaron el nuevo bautizo de la liga, la explicación última de la insatisfacción que carcome al aficionado mexicano con su liga. Una desventaja tan real que se usa para fines prácticos de evadir responsabilidades.

Claro que el dinero marca diferencia. Si se tienen recursos para contratar a los mejores, alto porcentaje del trabajo estará hecho. Sin embargo, lo que no vale en los responsables de reconciliar a la liga con sus consumidores es quedarse conformes con lo que se tiene, asirse a las limitantes como una almohada para recostar la cabeza y no entregar más que lo que se tiene. La Liga MX ha preferido la comodidad del mediocre que la ambición del ingenioso que hurga en su maletín hasta encontrar aquellos puntos que le puedan permitir ser algo más que un triste distractor.

La reflexión surgió en Twitter. En uno de los diarios ejercicios que realizo en la plataforma de los 140 caracteres, incluí un punto referente al nivel de pasión que logra generar la liga argentina. Escribí que si algo saben hacer bien es despertar el sentido de identidad, aferrarse a los más básicos elementos de su ADN para promover entre su gente una liga que no está al nivel de las mejores de Europa y que incluso, desde mi punto de vista, es superada por la mexicana. Después, como ejemplo a seguir en materia de producto, coloqué al Brasileirao, de números sobresalientes, con ejercicios de marketing que en México se echan de menos y con extraordinarios resultados deportivos.

De entre las respuestas a aquel tópico, se me quedó grabada una que hacía referencia a la frankensteiniana imagen de los clubes más emblemáticos de México… y a casi todos los demás. América no es más el equipo millonario y poderoso. Pumas lo mismo apuesta por los jóvenes que por extranjeros consagrados y por técnicos ajenos a la institución para buscar el triunfo. Chivas mantiene su tradición mexicana, pero de congruencia, estilo y gallardía queda poco. Cruz Azul… bueno, Cruz Azul es Cruz Azul e historia tiene mucha, pero presente,  casi nada. Atlas no es una academia de juego, sino un manual de cómo fracasar. Su afición más leal se mantiene, pero millones que lo adoptaban como su segunda escuadra prefirieron voltear a equipos emergentes. Puebla un día es víctima de la política, otra de un nuevo dueño y al siguiente de un conflicto familiar. San Luis estrena dueño para a los seis meses cambiarle el rostro, el nombre y los apellidos. Nuestra liga está compuesta por gitanos que cambian de casa sin aviso de por medio.

Y es ahí donde la Liga MX ha fallado. Un aficionado al futbol entiende que Cristiano Ronaldo no venga a jugar con el Atlante o que José Mourinho no haga acto de presencia en México más que a través de la comunicación epistolar y para aconsejar la contratación del primo de un amigo, pero lo que nunca entenderá es que ese equipo al que adoptó por tener un ADN muy bien definido, por jugar en su mismo pueblo, a una cuadra de su casa, en el barrio de los pobres o en el de los ricos, sea una caricatura sin guión, un barco echado a la deriva a merced de piratas que toman el poder, roban el botín y lo vuelven a dejar abandonado.

Lo escribí en alguna ocasión. Cuando no se tiene el cuerpo de Megan Fox, el talento de Messi o el dinero de un jeque para atrapar la pupila, es necesario atender las demandas del corazón. Esas no cuestan millones y son, después de todo y más allá de nombres e identidades, las que llevaron a los aficionados a irle a un equipo de futbol.

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Mauricio Cabrera es Director General de La Ciudad Deportiva, ex Editor General de mediotiempo.com y ex Editorial Manager de Yahoo! México. Escribe una columna semanal para Goal.com

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