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Mauricio Cabrera: La mentira de la liguilla

Mauricio Cabrera: La mentira de la liguilla

Ronaldo Schemidt

Nuestro columnista habla sobre el momento más importante de la Fiesta Grande, criticando la existencia del instante final del torneo.

Es el engaño supremo del futbol mexicano. La necesidad de ver espectáculo en la cancha es tan grande que se acaba aceptando un torneo dentro de otro, un borrón y cuenta nueva en el que diecisiete jornadas valen menos que tres semanas y en las que técnicos condenados a muerte pueden valerse del empuje anímico para justificar procesos y hasta para convertirse en héroes después de haber sido villanos consuetudinarios.

La afición cae como ratón ante un queso colocado en una trampa. El sistema de competencia que tantos eslabones débiles encuentra en los más elementales fundamentos de competencia atenta contra los mejores y premia a los que navegaron en una medianía que ni siquiera en un equipo de barrio sería bien recibida. El que ganó las mismas veces que perdió tiene tantas posibilidades de levantar la corona como el que se fue a casa con la maleta llena de alegrías cada fin de semana. El formato de la injusticia.

Chivas y Monterrey sobran en la liguilla. Edificarán a partir de este miércoles una mentira sustentada en semanas que confunden la calidad con el nervio. No siempre se ve mejor futbol en las finales, es sólo que ganar o perder adquiere otra dimensión cuando hay un trofeo de por medio y no tres puntos que en un manto tan protector como el de la Liga MX equivalen a poco más que un dolor de cabeza que se quita con una aspirina. La supuesta fiesta es en realidad el mismo juego pero recargado por los anabólicos

La afición es juez y parte. Lo dije por cuestiones distintas hace una semana y lo sostengo hoy en materia de competencia. Los seguidores de Chivas no esperan más que una eliminación prematura. Acuden con la cabeza mirando al suelo y reprobando las dudas que despierta el producto milagro con aroma a naranja y con una carta compromiso firmada por Johan Cruyff. Sin embargo, muy en el fondo, y aunque en el más cínico espejo de la estafa a partir de las bondades numéricas hayan subido el costo de los boletos para el estadio Omnilife, sus fanáticos, como los de Monterrrey, estarían más que dispuestos a celebrar lo insospechado y a olvidar los frenéticos golpes al hígado encajados en los últimos meses a cambio de unas victorias en instancias en las que el cronómetro condena a la vida o a la muerte.

Las redes sociales son un termómetro del sentir balompédico. Aquellos que entusiastas aplaudieron la emoción de una última fecha en la que terminaron clasificando de última hora los menos malos, se han convertido en los cómplices perfectos de una liga sin adrenalina, burocrática y estólida.  Mientras el premio vaya al que en seis partidos se tome una píldora de inspiración y no al que como alumno aplicado cumplió a lo largo del curso, tendremos pasión con gotero en mano, pequeñas dosis para alienar en grado suficiente a los millones que unas semanas después retornarán a la levedad de esa fase regular que beca tanto a los que salen con estrella en la frente como a las que saben que con un seis siempre será suficiente.  Esa es la mentira de la liguilla...


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Mauricio Cabrera es Director General de La Ciudad Deportiva, ex Editor General de mediotiempo.com y ex Editorial Manager de Yahoo! México. Escribe una columna semanal para Goal.com


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