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La Columna de Mauricio Cabrera: En México, hay quienes buscan manchar lo impecable

La Columna de Mauricio Cabrera: En México, hay quienes buscan manchar lo impecable

AFP

Nuestro analista estrella nos explica porqué hay quienes buscan hablar mal de una selección que si bien no lo hace de forma bonita, se cansa de ganar.

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En tiempos en los que el Campeón del Mundo sufre para vencer a Georgia y Argentina, con todo y un diminuto jugador de apellido Messi, firma el empate ante Perú, al medio futbolístico mexicano se le ha hecho fácil buscar manchas donde sólo hay blancura. La efectividad matemática, conducto único para llegar a Brasil, no es suficiente en un país que cuestiona a sus jugadores en automático, sin análisis de por medio y con la obsesión de pedir marcadores de escándalo aunque estos no sirvan más que para la anécdota.

Avanzar caminando la eliminatoria ha sido una virtud convertida en debilidad para José Manuel de la Torre. Cuando los resultados avalan el funcionamiento, aficionados y periodistas actúan con lupa. Exigen variantes y levantan la voz para decir que jugando así no se hará más que ganar en el dúctil terreno de la Concacaf. Si se avanza de última hora, con las manos rompiendo la soga que aprieta el cuello, se genera una invasión al Ángel de la Independencia y los medios hablan de jugadores con alas de ave fénix para derrotar a la adversidad. Se valora más el triunfo rescatado a centímetros del precipicio que la capacidad para evitar jaquecas

México es incapaz de disfrutar sus beneficios geográficos. La vida en Concacaf se sufre sin remedio. Cuando se gana por amplio margen, los mismos periodistas que en la actualidad piden un mejor funcionamiento para aplastar a los rivales acaban minimizando los resultados. "Hay que ver contra qué equipos fue", dicen cuando los goles hablan. Si se gana por la mínima, pero sin perder el gel de la calma en el pelo, se demandan anotaciones. Si se pierde, hay que echar técnicos y comenzar de nuevo. Cuando no tiene por qué haber nubes que amenacen con tormenta, manipulamos el panorama y las ponemos ahí, insatisfechos de vivir en una tranquilidad que antes nos era atípica.

Las eliminatorias deben ganarse a puro pulmón. Los rivales de la región no permiten el juego de seda ni el brindis con vino. Ellos proponen peleas callejeras sin tregua. La Selección mal haría en pretender jugar como artista en un museo mientras enfrente se encuentre a peleadores de barrio que a las buenas o a las patadas buscan obtener la victoria. El camino premundialista es para sumar kilómetros. Lo demás, las competencias de mayor nivel y los amistosos son para perfilar los valores intelectuales de un conjunto que hoy califica con diez aunque quieran restarle puntos.

En el juego todos se sienten con derecho a exigir. Ésta vez queda la sensación de que la petición válida vendría de José Manuel de la Torre a los medios. No se vale destruir cuando no hay más que números negros. Ya después, en Confederaciones o Mundial, el cómo será importante para ir más allá, mientras tanto, los que se inconforman deberían olvidarse de su gastada película y evolucionar como lo ha hecho la Selección Mexicana.

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